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El Graf Zeppelin

Serie: “Cielos”.

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Graf Zeppelin sobre Plaza de Mayo, Buenos Aires

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El Graf Zeppelin.

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Durante toda mi vida y mientras tuve a los viejos a mi lado, solía conversar, ya con mi padre, ya con mi madre, acerca del pasado. Cultivaba esa práctica por dos motivos: el primero, porque siempre me interesó el pasado. Tanto el pasado reciente como el pasado remoto. ¿Afición? Tal vez. Y el segundo motivo era que, al escucharlos relatar episodios acaecidos cuando ellos eran jóvenes o aun niños, les veía en sus ojos esa mirada inequívoca del que evoca, gastando nostalgias.

Con los años, claro está, aprendí que no siempre los recuerdos comulgan en perfecta correspondencia con los hecho realmente acaecidos. Y aprendí, también, que la memoria no sólo traiciona sino que, a veces, se toma el atrevimiento, incluso, de inventar un pasado. Así que con el tiempo aprendí también, a descubrir algunos de los bolazos de mis padres. No siempre intencionados, por supuesto. Pero, bolazos al fin.

Una de los episodios de su niñez que mi viejo refería con frecuencia, era el de haber sido testigo del paso del Graf Zeppelin por Buenos Aires. Yo sabía que la posibilidad fáctica de ese testimonio era real: cuando el dirigible de los nazis pasó por Buenos Aires, el viejo tenía trece años. Así que bien lo pudo haber visto. Ahora bien: lo inverosímil de su historia estaba en que, en su relato, el dirigible había parado (¿amarrado se dirá?) en las canchitas de los terrenos donde hoy se levantan los edificios de la cooperativa de El Hogar Obrero, entre las calles Alvarez Jonte, Emilio Lamarca, Lascano y San Nicolás. En realidad, se trataba de un terreno de algo más de una manzana donde había dos canchas de fútbol y donde durante muchos años recalaban de vez en vez para instalarse allí por una temporada circos, kermesses, parques de diversiones.

Ya sea para pelotear un rato en las canchas, ya sea para concurrir a los parques de diversiones, yo mismo conocí esos terrenos desde antes de la edificación de los edificios, tanto de los primeros como de los últimos. Pero, imaginar que el Zeppelin había amarrado allí, no era verosímil. Y no lo era, qué vamos a hacer… De todos modos, y por las razones que ya mencioné, me encantaba oír ése –como otros- relato del viejo. Relato que por otra parte desplegaba, como se sospechará, con lujo de detalles.

Ya de adulto supe por las lecturas que el Graf Zeppelin había ingresado a la ciudad de Buenos Aires por los cielos del Delta y luego de atravesar la ciudad rumbo a Campo de Mayo, amarró, ancló o lo que fuera que hizo finalmente ahí, en los terrenos militares, el 1 de julio de 1934, 75 años ha.

En otras palabras, ya de adulto supe que la memoria había fabricado en la cabeza del viejo un episodio imposible. Una verdad a medias. Un relato acomodado a otras vivencias. Una hermosa historia.

Hoy, en conmemoración del 75 aniversario de esa gesta de la ingeniería y del tesón de los alemanes, que en estos tiempos que corren nos parece entre heroica y fantástica, el diario La Nación preparó un audiovisual con sus propios materiales de archivo y al que los lectores pudimos acceder desde la comodidad de nuestras casas gracias a este milagro de la técnica de hoy llamado internet. Y allí pude leer, en la edición del 1 de julio de 1934, el párrafo que publico a continuación de éste. En él se da cuenta de que el gran dirigible cruzó la ciudad rumbo a Campo de Mayo siguiendo la línea del ferrocarril San Martín. Así que, si el viejo lo vio pasar por el barrio, como mucho fue acercándose él y los suyos hasta las inmediaciones de la estación Villa del Parque, o Devoto. Más probablemente en esta última que en la primera, ya que por aquellos años el viejo y sus hermanos vivían en Monte Castro. El Graf Zeppelin no amarró en “las canchitas”, pero… pasó cerquita cerquita… Va el párrafo que, además, es una joyita de crónica periodística cuidada. Es que aquello eran los tiempos en que no había televisión, así que el cronista debía ser descriptivo. Y lo fue. Aquí va.

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Durante más de dos horas el dirigible recorrió en todo sentido el cielo de la metrópoli, hasta desaparecer en dirección a Campo de Mayo.

(…)

Los aviones aparecen multiplicándose. Casi nadie repara en ellos. Surgen de improviso a la vista del público. Siguen de lejos, empequeñecidos, el enorme globo que avanza, luminoso y sereno, ya sin variar de ruta, hacia Caballito y Villa Crespo. Son las 7:45. Dos minutos después se lo ve aparecer por Chacarita, dirigiéndose por la línea del FCT de Buenos Aires, hacia el campo de aterrizaje, a tiempo que las calles por sobre las que pasa son escenarios de episodios populares: Gentes que corren buscando puntos de observación: automóviles que pretenden seguir, en loca carrera, al Graf Zeppelin para alcanzar a ver su descenso en el campo militar; camiones y “colectivos”, tranvías y automóviles que parten abarrotados de público hasta aquel lugar; azoteas, balcones, aceras llenas de ancianas que se persignan asombradas, de hombres que aplauden entusiasmados, de niños que miran estupefactos al enorme dirigible que pasa con una bandera alemana flotando entre sus poderosos motores.

La Nación, julio 1 de 1934.

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Uno de esos niños que miraban “estupefactos al enorme dirigible” era mi viejo.
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Au revoir.

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Nota. Curioso el entrecomillado para el vocablo colectivo. Transparenta que para aquel tiempo el sustantivo aún no había sido incorporado al diccionario por la Real Academia, pero al mismo tiempo delata que su uso era ya insubstituible.
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También causa un poco de asombro ver una foto de la época con el dirigible amarrado, en la que se ve que los autos “abarrotados” de público eran apenas algunos. Y por otro lado, otra fotografía de una portada de otro diario de la época titula: “Faltó emoción popular en el amarre del Graf Zeppelin.” Es que Campo de Mayo, en realidad, era en aquellos tiempos algo así como el extranjero… Así que… andá a saber cómo fue la cosa en realidad. Al final, me voy a quedar con el relato del viejo y el famoso dirigible nazi amarró al final en las canchitas de Orán :-)
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Escalones.

Soliloquios de un hombre maduro.

Escalones.

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Escalones.

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La mediocridad es tan vasta que nos apabulla; y es el propio apabullamiento el que nos empuja a engordar esa misma mediocridad con más mediocridad nacida de nuestras propias acciones. El dilema es: o formar mansamente parte del colectivo de los mediocres, o pretender quedar fuera de él. Lo primero implica voluntad, aunque inconveniente su ejecución; lo segundo, también, aunque es casi imposible de materializar. Con lo cual queda patentizado que lo volitivo, al menos en esta cuestión, es una ilusión. Quien haciendo uso de su libertad abandona el partido de los mediocres se queda solo, y esto en el mejor de los casos. En los peores: termina internado en un manicomio o, deviene un ente considerado por los otros un raro, un excéntrico, un loco lindo. Al final, un día uno asume con valentía que forma parte de la mediocridad general y sin decir esta boca es mía, ingresa a la Administración para gestionar el carné, o para abrir un blog. De esta manera, podemos sobrellevar la mediocridad general que nos apabulla, apabullando con nuestra propia mediocridad a los demás. El resultado es obvio y está a la vista: la red. Algunos bienintencionados me aconsejan que abandone esta práctica de contribuir a la mediocridad general en la red y que regrese a la mediocridad de mi mediocre vida regular. Pero yo sigo negándome porfiadamente. Entre otras razones menores, porque vendí el televisor.
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Alfredo Arri.
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Todo sigue igual.

La palabrota.

El episodio lo relata el historiador Roberto Baschetti, en un artículo que en la contratapa de Miradas al Sur de hoy recuerda el golpe de estado del 16 de setiembre de 1955, el que derrocó a Perón y que los pendolistas de turno hicieron entrar en la historiografía con el impropio nombre de “Libertadora”, o sea el nombre que los propios golpistas se adjudicaron.

Cuenta el autor, sobre el final de la nota, que la muestra más acabada del sentir “irracional, gorila y racista” de los golpistas fue la expresión que el contralmirante Arturo Rial le dedicó a los sindicalistas del gremio de los municipales con quienes se topó el militar en la Casa Rosada.

Los sindicalistas se encontraban a la espera de ser atendidos por el general Leonardi cuando el contralmirante les espetó:

Sepan ustedes que la Revolución Libertadora se hizo para que en este bendito país, el hijo de barrendero muera barrendero.

¿Creen ustedes que expresiones de ese tipo pertenecen al pasado? De ninguna manera. Todo sigue igual. O peor, porque ahora, otra vez, el aluvión zoológico alza la cabeza…

Los acontecimientos de Bolivia, los de mi propia patria argentina en estos meses de ofensiva gorila y racista, los de Venezuela; las patéticas realidades sociales en Colombia, Ecuador, Chile… Siempre es lo mismo: la prepotencia de las oligarquías poseedoras de las riquezas y los privilegios para con las masas humildes. Y todo ello montado, además, sobre el puto racismo.

Para los lectores no argentinos, cabe aclarar que en Argentina el vocablo gorila designa a aquellos antiperonistas que son tales a partir de una actitud racista con respecto al pueblo peronista.

Los gorilas argentinos inventaron expresiones feroces para expresar sus sentimientos racistas. Cabecita negra para aludir a los criollos descendientes de indígenas. Aluvión zoológico para referir a las masas peronistas. O, la más irracional, bárbara de todas: ¡Viva el cáncer! al conocerse que la enfermedad mataba a Eva Perón.

Cinco siglos igual.

Hasta pronto.

¿Y?

¿Cuál es mi Page Rank?

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Hasta ayer, andábamos todos de acuerdo: tenía un banner de Page Rank que me decía que mi rank era 2, lo mismo que el marcador en la barra Google y también 2 si hacía la consulta en la página Page Rank. Pero a partir de hoy tengo: 1 en el banner, 3 en el marcador de la barra y 0 en la consulta directa.

And now what? ¿Cuál es mi Page Rank, señor Google?

¿Servirá de algo lamentarme aquí? Los robots, ¿me leen; o sólo me robotean?

Óbiusli, me quedo con el que me da la barra, o sea un rank 3. Por ahora. En una de ésas al robot se le da por mandarme a la B.

¡Ay, cuánto cuesta posicionarse un poco, che!

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Abuso infantil.

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Lo que hay que saber acerca de una grave situación. El abc del abuso infantil.

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Por supuesto que es un tema para especialistas y sería impropio ser tratado en profundidad en un espacio como éste. Pero eso no me inhibe para difundir una nota publicada en La Nación de hoy en la que se trata el tema.

La nota la firma María Naranjo y está escrita de un modo sencillo, de manera tal que todos podamos entender: la gravedad del abuso; los mecanismos por los cuales los abusadores suelen permanecer anónimos; los síntomas para reconocer cuándo un niño está siendo abusado y, para mis compatriotas argentinos, los enlaces a los sitios donde pueden dirigirse aquellos que reciban una noticia de abuso infantil.

Abuso sexual infantil
Los síntomas que develan un drama secreto

El 50% de los chicos que han sido abusados se lo cuenta a un amigo, y el 20%, a la madre, según cifras de una asociación civil

LANACION.com | Salud | Sábado 1 de marzo de 2008

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Cerrado por vacaciones.

Este bloguero, o bloguista, o sencillamente este tipito, se toma unos días de descanso.

Los comentarios quedarán pendientes de moderación por unos días. Gracias a todos

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Technoratti.

Technorati Profile

La foto del día: los Kirchner sonríen.

Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. Una foto simpática.

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LA FOTO

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Juan D’Arienzo en acción. Loca.

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El “Rey del Compás”, en un viejo video de canal 9, demuestra el porqué de su mote.

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Gracias a Kakosh, quien subió el vídeo a Youtube, los amantes del tango podemos tener para el goce de todo el mundo este registro que es una joya histórica. En él se ve y se oye a la orquesta de Juan D’Arienzo interpretando el tango “Loca”.

Nada más de ver o escuchar este video basta para que las nuevas generaciones comprendan por qué D’Arienzo era llamado el “Rey del Compás” y por qué sus …

La foto del día. Atardecer en Buenos Aires.

Un atardecer en Buenos Aires. El segundo crepúsculo. Los ocres, los infinitos ocres. El gris del cemento vencido por la fuerza del Cosmos.

Es LA FOTO DEL DÍA.

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