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Mario Bunge y un relato muy humano.

Relatos de autor.

El gran sueño del pastor.
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por Mario Bunge.

Nuestro epistemólogo Mario Bunge, quien transita ahora los noventa de su edad, nos regala un relato que sin duda alguna merece ser divulgado entre los lectores que, como este blogger, creen que los animales encierran algún misterio que aún no hemos sabido descubrir.

El relato se encuentra publicado en La Nación de hoy, y su lectura será posible luego de clicar el enlace que se deja a continuación:
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El gran sueño del pastor

Mario Bunge

lanacion.com | Opinión | Viernes 28 de mayo de 2010

El Rostro del Sudario ¿es el de Leonardo Da Vinci?

Un Relato muy bien logrado.

Una producción de Discovery Channel presenta un Relato perfecto.

Como es fama, el Santo Sudario de Turín es uno de los objetos más fascinantes para los aficionados a los misterios que resisten a las explicaciones científicas. Para muchos, por supuesto, se trata de una reliquia del catolicismo y, como tal, es objeto de veneración. Pero para muchos otros, se trata de uno de esos huesos duros de roer para la ciencia, lo cual lo hace tan atractivo. Para estos últimos, entre los que me incluyo, el famoso lienzo no es más que una patraña -una patraña extraordinariamente realizada- y el desafío científico está en que se descubra quién lo hizo, cuándo y por qué.

Más allá del contundente carbono 14 que dató el lino que sirve de soporte a la imagen como un lienzo tejido en el siglo XIII, poco es lo que ha hecho la ciencia para establecer con exactitud cómo fue realizado y con cuáles materiales. Para ser sincero, ninguna de las hipótesis lanzadas como tales fueron satisfactorias. Es decir, nunca logró hacerse un relato verosímil del origen y propósito de la imagen fijada en la tela.

Pero sucede que en esta semana, una producción de Discovery Channel, realizada como parte de una breve saga de producciones dedicadas a la Semana Santa, ha presentado en el programa que trata el tema del Santo Sudario de Turín el primer relato verosímil.
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Va la aclaración de inmediato: verosímil en el sentido del Relato. Es decir: se trata de un programa de televisión, de entretenimiento y, en cuanto tal, el mero espectador no puede saber si se trata de una ficción o de un documental de verdad. En otras palabras: en cuanto televidente se lo consume como producto de entretenimiento. Como una ficción. Pues bien: en estos términos, el Relato elaborado en esta ocasión por los productores de Discovety Channel para explicar el origen y propósito de la creación de ese objeto es sencillamente perfecto.

Es la primera vez, para decirlo con pocas palabras, que se presenta la historia de este objeto de culto y controversia como un Relato perfectamente verosímil, coherente, completo e incluso plausible.

La emisión está anunciada para esta noche, 31 de marzo a las 21 de Buenos Aires, pero, por razones que ignoro, lo he visto ayer o anteayer, en el Discovery Channel y por pura casualidad, es decir, recalé allí tras el habitual zapping. Así que no sé, francamente, si vi un adelanto o si vi el programa completo, ofrecido, digamos, en una suerte de preestreno. Esta noche lo volveré a ver, pero sospecho que lo que vu como adelanto fue el programa completo, ya que el Relato está completo.

En menos palabras aún: este Relato cumple a la perfección aquel viejo proverbio: Se non è vero, è ben trovato. Si no es verdad, está muy bien contado.

Según el “documental”, hacia fines del siglo XIII una familia noble de Francia hizo una fortuna exhibiendo en su castillo a los crédulos peregrinos una de las infinitas reliquias del catolicismo. En este caso se trataba de una tela en la que se reproducía la imagen de un hombre, con rastros visibles de heridas en perfecta correspondencia con las del Crucificado. Lanzado el albur de que se trataba del sudario que había cubierto el cuerpo de Cristo mortificado, los peregrinos abarrotaban ese castillo. Con la venta de perros calientes y coca-colas por un lado, y la urna para oblar una donación, los poseedores de la “reliquia” hicieron una fortuna. La cosa llegó a oídos del Papa quien mandó un inspector de reliquias y, al ver que ésta era una burda pintura, conminó al noble a que cesara con el fraude, so pena ya sabemos de qué.

El curro del noble francés cesó, pero el fraude fue leyenda y, cincuenta años más tarde, cuando ya todo estaba olvidado, otro noble, en este caso alguno de los descendientes de Luis de Saboya vio la oportunidad de reproducir el negocio y le encargó nada menos que a Leonardo Da Vinci que hiciera un nuevo sudario, pero menos burdo, o sea, más creíble.

El primer escollo al Relato surge del hecho de que Da Vinci vivió entre 1452 y 1519, es decir, en la segunda mitad del siglo XV, mientras que la tela de lino del Sudario, según la datación por carbono 14, fue tejida en el siglo XIII, o principios del XIV. Naturalmente, la superación de este escollo es mediante la suposición de que Leonardo buscó las telas más antiguas que pudiese hallar para la mejor hechura del fraude, tela que no le hubo resultado difícil de obtener.

Superado este escollo, el “documental” da cuenta del cómo fue realizado el santo sudario por Leonardo. El procedimiento fue el de utilizar una tela de lino bañado en una solución de plata y expuesto a la luz a través de una lente, por un orificio hacia el interior de una cámara oscura. En otras palabras: el Santo Sudario sería una perfecta fotografía realizada en pleno siglo XV. De la descripción de la cámara oscura hay referencias desde el siglo X.

La hipótesis de la toma es la siguiente: En el cuarto oscuro, Leonardo colocó una parte del paño con las sales de plata sobre un bastidor. Afuera del cuarto, estacado y expuesto a la luz del sol, uno de los cadáveres que eran la materia prima de Leonardo para sus prácticas de disección. Luego, el mismo procedimiento, esta vez expuesto el cadáver de espaldas, para impregnarlo en otra parte de la tela. Esto explica, dice el experto en el “documental”, la diferencia de longitud que en la realidad tienen las imágenes del Sudario de Turín entre la vista de frente y la parte de la espalda. Al hacer la segunda exposición “a ojo”, se le pasó en unos centímetros la superposición de imágenes. Por supuesto, el toque artístico de Leonardo fue “propinarle” al cadáver las heridas necesarias para que se correspondieran con las del Cristo.

Quien en el film aparece como el autor de la hipótesis afirma que, de comprobarse la presencia de moléculas de plata en el Sudario de Turín, tal hipótesis sería probada.

Hasta aquí, el Relato ya es excelente. Pero hay más: en el documental se afirma que el rostro del Sudario no es el del cadáver que Leonardo expuso a la cámara oscura y la tela con sales de plata sino que sobre el rostro del finado colocó una máscara moldeada de su propio rostro, travesura que Leonardo gustaba hacer ya que, según se afirma, es la misma -según los rastros antropométricos- que la de la Mona Lisa, su famoso autorretrato en lápiz y el rostro de un Cristo en una de las pinturas que se le atribuyen, un Salvator Mundi propiedad de Jean Louis de Ganay.

Por supuesto, en la producción de Discovery Channel desfilan antropólogos, artistas, expertos que a lo largo de la hora del film desarrollan el Relato con apoyaturas testimoniales muy bien compuestas. Y si fuese un documental verdadero; si se probase la hipótesis; si el Relato no fuese el de una ficción sino uno de una investigación llevada con todas las de la ciencia; si llegase a probarse todo ello, en una palabra, entonces sí: el Santo Sudario de Turín sería una de las bromas más extraordinarias realizadas jamás por genio alguno. Y si no, es, de todos modos, una extraordinaria producción televisiva.

Digno de verse.

Simplemente quilombo.

Simplemente quilombo.

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Tenía para mí que la palabra quilombo tenía en nuestra lengua únicamente los tres significados que denuncia el diccionario de la Real Academia, esto es, prostíbulo una, y desorden o barullo otra (en ambos casos como vocablo de uso en la región rioplatense, incluyendo el Paraguay y sur de Brasil); y un tercer uso de vocablo, equivalente a andurrial, en Venezuela.

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Así que me sorprendí al hallar la palabra en un blog español en un contexto que, a primera lectura, podía ser interpretado como el equivalente a desorden. Concretamente, en ese blog se daba cuenta de una manifestación de protesta, en España, que había terminado “en un quilombo”. Vaya, vaya -se me dio por exclamar- resultó que nuestro quilombo ha cruzado los mares. Pero resultó que no. Resultó que en realidad, los tres significados que denuncia el diccionario oficial de nuestra lengua para el término quilombo están todos relacionados entre sí y derivan de su significado original, en lengua bunda, y extendido por los conquistadores portugueses, que era campamento. Así que en ese blog, cuando se dice que la manifestación hubo terminado “en un quilombo”, quería decir, en realidad, que habían terminado acampando sus manifestantes.

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Entusiasmado con el módico hallazgo, me puse a navegar en la red, en busca de un poco más de la historia de este vocablo. Palabra que, por estos pagos rioplatenses usamos aún con pudor, dado que, a pesar de que ya nadie se refiere a un prostíbulo como un quilombo, reservando este vocablo para designar un desorden, una batahola, etc., todavía se conserva socialmente el regusto de palabrota que tal término arrastra.

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¿De dónde viene quilombo?

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Cuenta la historienda (mitad historia, mitad leyenda), que

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…durante la colonia, confinados a vivir en míseras condiciones en áreas que rodeaban a las haciendas señoriales, los esclavos negros huyeron en grandes contingentes a las montañas, donde constituyeron áreas donde vivían libremente llamadas quilombos. El mayor de ellos, situado en la frontera entre los estados de Alagoas y Permambuco ha sido conocido como la República de los Palmares (1618-1693). Ganga Zumba y Zumbi fueron sus principales líderes. Algunos cronistas han calculado en 30.000 la cantidad de negros que vivían en los quilombos.

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Fuente: Marta Harnecker, Sin Tierra, construyendo el movimiento social. Siglo XXI España, 2002, pg 178, en Google Books.

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En ese libro no se tiene ningún prurito en calificar de República de los Palmares a aquel notable quilombo, nombre con el que es conocido en la historiografía brasileña. Pero este reconocimiento es actual, ya que resulta curioso advertir de qué manera diferente se juzgaban los procesos sociales e históricos hasta hace pocos años: La revista Crisis, editada por The Crisis Publishing Company, en uno de sus números del año 1959, comenta el libro Quilombo Dos Palmares (The Fugitive Slave Settlement of Palmares), del autor Edison Carneiro, Editora nacional, 1958. En el artículo podemos leer, refiriéndose el crítico del texto al Quilombo de Palmares:

No fue una república, tal como fue caracterizado pero sí fue, como el autor lo deja bien claro, “una parte de Africa trasplantada en el norte de Brasil”· Los líderes eran los mejores guerreros y sus jefes no eran elegidos por ningún procedimiento democrático.

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Fuente: Crisis, número citado en el texto, pg. 250 (Google books)

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Sorprendente eso de hacer notar la ausencia de formas electorales democráticas para una sociedad de antiguos esclavos establecidos en la selva a mediados del siglo XVII, individuos que ni habían oído hablar de Atenas y que sobrellevaban su drama en comunidades existentes mucho antes de que se establecieran las democracias modernas. Aun el recurso retórico del autor de la nota, en el sentido de considerar el Quilombo de Palmares como un trasplante del Africa en el norte de Brasil no parece feliz. En efecto, no sólo porque en esas comunidades de esclavos fugitivos se practicaban formas diversas de catocilismo (religión por entonces extraña a las tribus libres africanas de donde se proveían de hombres los traficantes de esclavos), sino además porque en esos quilombos las formas de organización social lograban superar, de algún modo las atávicas diferencias y aun odios interétnicos de las diversas tribus africanas de las que sus individuos eran originarios o descendientes. No era una república en términos formales, pero…

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Más allá de esta curiosidad de una manifestación prejuiciosa de mediados del siglo XX, merece destacarse que en esa nota se informa de la existencia actual (1958) de supervivientes quilombólas en Curiaú en Pará. Para ser más precisos, el autor informa que en el Quilombo de Curiaú hay descendientes de los antiguos quilombólas que aun viven. (“This is a quilombo, Curiaú in Pará, in wich the descendents o quilombólas still live”) (fuente: la misma de la cita anterior).

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Y no ya en 1958 sino en estos primeros años del siglo XXI, entre las normas de organización que la autora del libro citado más arriba recomienda para los movimientos sociales (Sin tierra.., Marta Harnecker), hay una que recomienda respetar las costumbres culturales de las comunidades indígenas establecidas, así como las de los quilombos existentes.

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Me voy a permitir una digresión. En la búsqueda de antecedentes del vocablo quilombo, lo hallé también en un libro de 1831, el Diccionario Histórico y Biografía universal compendiada, en cuyo tomo IV encontré el vocablo que nos vuelve a ubicar en Brasil y en Africa y a mediados del siglo XVII. Pero como es interesante la referencia, dado que en la misma se dan los datos biográficos de un apellido que ha adquirido lustre por estas tierras sudamericanas, no está demás relatar las hazañas de uno de los portadores del ilustre apellido, antes del lustre. Dice la nota biográfica:

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Correa de Saa, Salvador. Almirante portugués, gobernador de Brasil, nacido de una ilustre familia de Cádiz donde su abuelo materno había sido gobernador. Sucedió a su padre en el gobierno de Río Janeiro, aumentó y hermoseó la ciudad de San Sebastián fundada por su abuelo y fundó también en Brasil la ciudad de Pernagua. Había ya dado pruebas de su valor y habilidad ganando muchas victorias contra los holandeses, cuando pasó el cetro de Portugal a la casa de Braganza en 1641. El Rey Juan IV nombró a Correa vice almirante de las costas del Sud, y le mandó construir un fuerte en Quilombo, en el reino de Benguela cerca de Angola. Salió Correa del puerto de Río Janeiro, y tomando rumbo a África se presentó ante Loanda; atacó aquella fortaleza, sojuzgó el reino de Benguela y se apoderó de la isla de Sto Tomás, derrotó el ejército del Rey de Congo aliado de los holandeses, conquistó todo el reino de Angola, e hizo construir el fuerte de Quilombo y volver a entrar a toda la costa austral del África bajo la dominación de los portugueses. En memoria de estos esclarecidos hechos, le permitió Juan IV que añadiese a sus armas dos reyes negros por soporte. Correa, siendo por tercera vez gobernador de Rio Janeiro en 1658 hizo construir el navío más grande que se había visto jamás y le denominó El Padre Eterno. Manesson-Mallet, en su Descripción del Universo, tomo 1 fugura 92, presenta el diseño de aquel inmenso navío que estaba abandonado en su tiempo en el puerto de Aldea Gallega, cerca de Lisboa. Tenía ciento ochenta pasos de quilla, ciento ochenta cañones de bronce, seis puentes, y su tripulación ordinaria debía constar de tres a cuatro mil hombres. El almirante portugués había propuesto a la corte de Portugal el descubrimiento (sic) de las ricas minas de oro de San Pablo, conocidas después con el nombre de Minas Geraes, y del cual marca muy bien la situación en un mapa general de Brasil que él había levantado, pero este proyecto quedó paralizado a causa de la muerte de Correa, ocurrida en Lisboa en 1680.

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Fuente: Diccionario Histórico, Barcelona, 1831, pg. Tomo IV 449, en Google Books.

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La digresión, de todos modos, nos permite comprobar que el vocablo quilombo es también de uso toponímico, lo cual, teniendo en cuenta su significado (campamento), no es extraño. Cabe destacar que en libros de relatos de navegantes portugueses por las costas africanas es común hallar la construcción verbal fazer quilombo para referir: acampar o hacer campamento.

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Sigo: en un folleto turístico del moderno Brasil se puede leer:

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La República de los esclavos. A principios del siglo XVII, en las plantaciones del noreste se produjeron varias revueltas de esclavos y varios de ellos huyeron a las montañas del interior, donde fundaron unas comunidades llamadas quilombos o mocambos. Hay quien dice que la capoeira nació entre estos guerreros que defendían sus comunidades frente a los capitâes do mato, cazadores de esclavos huidos. Palmares, el quilombo más famoso fue fundado por escalvos angoleños en 1604, en la Serra das Barriga de Alagoas. Con el tiempo llegó a ser una auténtica república autogestionada de 20000 rebeldes, hombres, mujeres y niños, que consiguió resistir los ataques de los soldados portugueses durante casi un siglo, hasta 1694.

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Fuente: Descubre Brasil. Guias Descubre Michelin.

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A través de ese folleto nos enteramos, pues, de que existe la creencia, probablemente mítica, de que la capoeira nació de los quilombos.

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Por su parte el célebre escritor paraguayo Augusto Roa Bastos, en colaboración con Aleandro Maciel, Eric Nepomuceno y Omar Prego publica en 2001 Los conjurados del Quilombo del Gran Chaco, obra que no conozco y de la que nada sé, pero cuya mención sirve para traernos el vocablo un poco más al sur.

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El vocablo quilombo en sí pertenece a la lengua bunda y significa campamento, según la opinión de Beaurepaire-Rohán, citado en el Vocabulario Rioplatense Razonado, publicado en Montevideo en 1890, bajo la dirección de Daniel Granada. Pero el vocablo ya se hallaba al sur de la región y como toponimia, ya que en un documento de 1837 uno de nuestros militares, el Coronel de ingenieros José María Cabrer incluye Quilombo chico en el inventario de toponimias que su informe geográfico militar expide.

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Así que en resumidas cuentas, tenemos que quilombo tiene su origen en la lengua bunda, que significó campamento o establecimiento, que fue usado como toponimia por los navegantes portugueses y que el término trascendió su uso específico a partir de las rebeliones de esclavos en el siglo XVII en el norte de Brasil.

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Claro que para terminar con esta módica investigación de blogger, no puedo evitar de caer en la tentación de introducir en esta historia la simpática (siendo piadoso) idiosincrasia yanqui. Ya, para hacerla simple: alguien les dijo a los del Congreso de los EUA, años ha, que quilombo era una brazilian dance y así lo definieron en el catálogo del Congreso. Así que, ni lerdos ni perezosos, los yanquis se dieron a la tarea de difundir comercialmente el insólito género musical y coreográfico quilombo. Así entontré, en la Revista Cincinati, en uno de sus números de 1995, el pintoresco anuncio de una gala organizada por una fundación proteccionista de la vida salvaje. Se trató de una reunión llamada Tesoros de Trinidad y Tobago, y en el anuncio se daba cuenta de que animarían la velada varias bandas, entre ellas… ¡The Cincinati Quilombo Quartet!

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El término aparece en Nuevo Diccionario da lingua portugueza de 1798, aunque en la edición de 1806 se define con precisión que quilombo es un aposento donde se refugian los pretos fugitivos, “a que chamao la calhanbolas.” Y en el diccionario de la lengua portuguesa está definido como choza.

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Escribí esta nota, con notorios fines de divertimento personal, exactamente en el día en que uno de los movimientos sociales más grandes de Argentina decidió hacer un campamento de treinta y seis horas en medio de la Avenida 9 de Julio, ocasionando un desorden en el tráfico de automóviles y buses pocas veces visto en la ciudad de Buenos Aires. La conclusión es obvia: es ésta una excelente ocasión para decir que esa protesta ha sido un auténtico quilombo, en todos los sentidos de la expresión. Es decir, una excelente ocasión para reivindicar el carácter de palabra útil del hermoso término quilombo.

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Alfredo Arri.

Una mirada sobre la amistad.

Selecciones del perro lector.

Un texto de Hernán Brienza sobre la amistad.

El siguiente es un texto de Hernán Brienza, publicado en Crítica de la Argentina de hoy. Me gustó y hago uso del inadecuado copiar y pegar. No se debe hacer, pero… cuando el texto lo vale, mejor dejarlo completo y no simplemente enlazado con un link. Aquí va.

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Non credo

por Hernán Brienza. Publicado en Crítica de la Argentina.

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No creo en la amistad. Al menos no creo en esa amistad almibarada que se renueva todos los veinte de julio y que consiste en salir a comer y a tomar algo, en felicitarse con gente a quien despreciamos y que vive clavando la mandíbula en una mueca que semeja una sonrisa y te desea “lo mejor” ya sea en Navidad, en Pascuas, en el Día del Perdón, el Día de la Raza o el 17 de agosto, fecha en que se recuerda la muerte de San Martín.
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No creo en la amistad como la entiende la Real Academia Española: Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato.
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Pero tampoco creo en la otra amistad como mito, como grandilocuencia, como paroxismo de las relaciones humanas…
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Sandor Márai en esa notable novela titulada El último encuentro desentraña algunas cuestiones respecto de la amistad. Dice de ella: “No el placer momentáneo que sienten dos personas que se encuentran por causalidad, a la alegría que les embarga porque en un momento dado de su vida comparten las mismas ideas acerca de ciertas cuestiones, o porque comparten sus gustos y sus aficiones… A veces pienso que la amistad es la relación más intensa de la vida… y que por eso se presenta en tan pocas ocasiones… La amistad es la relación más noble que puede haber entre seres humanos… Generalmente, las relaciones basadas en la simpatía entre los seres humanos han terminado ahogándose en los cenagales de la egolatría y la vanidad… El amigo no espera ninguna recompensa por sus sentimientos. No espera ningún galardón, no idealiza a la persona que ha escogido como amiga, ya que conoce sus defectos y la acepta así, con todas sus consecuencias. ¿Qué valor tendría la amistad si sólo amamos en la otra persona sus virtudes, su fidelidad, su firmeza? ¿Qué valor tiene cualquier amor que busca recompensa?… Tenemos que soportar que las personas que amamos no siempre nos amen, o que no nos amen como nos gustaría. Tenemos que soportar las traiciones y las infidelidades, y lo más difícil de todo: que una persona en concreto sea superior a nosotros, por sus cualidades morales o intelectuales… Esto sería el ideal. Ahora hace falta saber si vale la pena vivir, si vale la pena ser hombre sin un ideal así”.
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Yo no creo en este tipo de amistad, no creo que exista, bueno, tampoco creo que existan el inconsciente, el vellocino de oro, ni el caldero celta de la abundancia… Y Dios tampoco cree que exista yo, pero ese es otro tema…
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Perdonen si descascaro el mito argentino de la amistad, pero no creo en los amigos y no creo en mí como amigo… He defraudado a mucha gente, mucha gente se ha sentido traicionada por mí… Demasiadas personas se han escurrido de mi vida como la harina entre las manos como para seguir creyendo en la amistad… ¿Qué fue de Beto, de Luis, del Tano? ¿Dónde andarán Pajarito, que jugaba a la pelota como ninguno? ¿O el Caballo que pegaba como pocos? ¿En que misterios se quedaron Fernando, que soñaba con ser presidente? ¿o los muchachos de Derecho que decían soñar con un país más justo? ¿Qué copas alzarán y qué canciones cantarán la buena muchachada de La Prensa? ¿A dónde van los amigos olvidados?
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David Trueba, el escritor español, comienza su libro Cuatro Amigos con esta frase: “Siempre he sospechado que la amistad está sobrevalorada. Como los estudios universitarios, la muerte o los penes largos. Los seres humanos elevamos ciertos tópicos a las alturas para esquivar la poca importancia de nuestras vidas. De ahí que la amistad aparezca representada por pactos de sangre, lealtades eternas e incluso mitificada como una variante del amor más profunda que el vulgar afecto de las parejas. No debe ser tan sólido el vínculo cuando la lista de amigos perdidos es siempre mayor que la de los amigos conservados… La amistad siempre me ha parecido un fósforo que es mejor soplar antes de que te queme los dedos”.
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Yo no creo en la amistad, lo reconozco. Pero sí creo en los gestos. Creo en algunos momentos de amistad, en ráfagas, instantes, fogonazos de amistad…
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Como aquella tarde en el potrero cuando Pappo, el mejor jugador de todo el barrio, me dio un pase servido para que hiciera el gol del campeonato y me luciera frente a Daniela (aunque a decir verdad ella mirara para otro lado)
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Como aquella noche en que Caballo fue trompeado por varios y salté a hacerle el aguante aunque me terminaran trompeando a mí también…
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O aquella vez que en la Facu, que Lucas me dijo: “Es tuya, flaco, si te gusta tanto, es tuya. Me hago a un costado”. Con Lucas también lloramos en el bar de la Facu cuando lo dejaron afuera a Maradona en el 94 ¿eso cuenta como amistad?
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O cuando Daniel peleó por mí para que me aceptaran en un trabajo al que no me querían ver ni en figuritas. Y tal vez yo no lo merecía.
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Creo en algunos amigos cuando estuvieron en las buenas y en las malas, cuando se bancaron su propia envidia y cuando no sintieron oculto placer en verme derrotado por la vida.
Y, claro, también, creo en que fui amigo de mucha gente algunos instantes.
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Como dice Emile Ciorán: Derrochado mi dogmatismo en juramentos falsos, ¿qué puedo hacer sino ser escéptico?
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Trueba dice que un amigo es aquel en que vos confías que en tu mayor momento de borrachera, él va a ser capaz de llevarte hasta tu casa, dejarte sentado en el umbral y tocar el timbre.
Yo creo que la amistad es un poquito más. Es como aquella noche que después de una curda con vino bien barato, Mariano, Beto y yo decidimos emprender la retirada. Antes nos fijamos quién estaba peor que quien. Y decidimos llevarlo a Beto, cuando llegamos a la puerta de su casa, él dijo, no che, Mariano está peor que yo…acompañémoslo a él. Cuando llegamos a lo de Mariano, Mariano dijo, no, che, el peor es Hernán, y me llevaron a mí. Pero el peor era Beto, y después Mariano, y después yo, y después Beto, y anduvimos en esa danza y contradanza esquivando baldosas hasta que nos descubrieron las primeras luces del día.
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No sé por qué siempre que pienso en la amistad recuerdo aquella escena. Tal vez porque me parece una buena metáfora. Tal vez la amistad no sea otra cosa que eso: sostenerse mutuamente como borrachos en esta noche oscura que es la vida.
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Hernán Brienza
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en Crítica de la Argentina. Publicación original: aquí

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Borges y los metaobjetos. Por Leonardo Moledo.

Borges y la metafísica, según Leonardo Moledo.

Voy a dejar aquí un breve texto de Leonardo Moledo que acaba de salir publicado en Pagina/12 hace apenas unos minutos. No es mi modo de llevar este blog el copiar y pegar; todo lo contrario: trato de que sea en su mayor parte de contenido propio. Pero como este texto colma mis aficiones como son la metafísica por un lado y Jorge Luis Borges por el otro, lo copio aquí, para que me quede como si fuese un ejemplar en mi biblioteca particular. Leonardo Moledo es un conocido científico y divulgador de las ciencias. No es este texto uno de carácter científico; tampoco de carácter literario. Yo diría que es uno de carácter admirativo, en este caso a Borges, a la ciencia, a la metafísica, a la literatura y a la ironía. En otras palabras, me gustó. Razón por la cual lo copio, a pesar del copyright (Perdón Pagina/12, ustedes sabrán comprender :-) )
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Borges y sus metaobjetos

Por Leonardo Moledo

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Hace más o menos un año, me invitaron a participar en una jornada sobre Borges en Graz, Austria, una bellísima ciudad sobre el río Mur, que guarda entre sus glorias que el mismísimo Kepler haya enseñado en su universidad entre 1594 y 1600, donde concibió ese dislate que fue la Harmonia Mundi, un perfecto sinsentido pitagórico y místico que, no obstante, tuvo el mérito de llamar la atención de Tycho Brahe y el comprensible desinterés de Galileo. Fue Tycho quien lo convocó a su lado en Praga, donde Kepler pudo poner orden finalmente en el sistema solar.

La jornada cerraba una larga exposición sobre Borges que se había llevado a cabo durante seis meses en la Kunsthaus (casa del arte) de Graz, un edificio vanguardista que no choca para nada, curiosamente, con la arquitectura de Graz, que mezcla estilos de los siglos XVI, XVII y XVIII; del mismo modo que no choca la notable isla artificial de acero sobre el río Mur, donde hay una cafetería en la que uno puede tomarse una cerveza al nivel del agua. La isla fue construida para no sé qué festival, y la dejaron.

Mi tema era “Borges y la ciencia”, “Borges y las matemáticas” o algo por el estilo, y me provocó no pocos dolores de cabeza, ya que, como siempre, uno tiene la sensación de que sobre Borges está todo dicho; así que resolví decir cosas viejas con palabras nuevas, y traté de focalizarme en los metaobjetos borgeanos y la manera en que Borges los construye mediante una operación fantástica.

¿Pero qué son los “metaobjetos”? Una vez atrapado por el encanto de la palabra, tenía que asignarle algún significado. Obviamente, los objetos que Borges inventó –como la Biblioteca de Babel, el Aleph, el Libro de Arena, el cerebro cuasi infinito de Ireneo Funes– son particularmente atractivos, aunque no es el atractivo “fantástico” que puedan tener, sino su particular condición metafísica; en realidad, no es que no existan (como no existen, por ejemplo, el unicornio, el pájaro Rock, las naves de Asimov que saltan a través del hiperespacio o Madame Bovary), sino que contienen una imposibilidad metafísica, que compromete la existencia del universo mismo. Al fin y al cabo, es posible que exista un universo con unicornios o pájaros rock, pero es imposible la existencia de un universo donde existe también el Aleph. En suma; no se trata de cosas que no existen, sino que no podrían existir, ya que, si lo hicieran, cuestionarían el concepto mismo de existencia –esa palabra que enhebra el misterio de por qué es en general el Ser y no más bien la Nada–. No son fácticamente imposibles, sino metafísicamente imposibles. Si un día apareciera un unicornio, habría que hacer ligeros cambios en la biología e insertarlo en el mecanismo de la evolución. La mera posibilidad de que los metaobjetos existan pone en entredicho al universo completo. Son incompatibles con el universo.

Borges no se ocupa de alterar tal o cual región de la empiria sino de la empiria en tanto que tal, en tanto la empiria es “lo que es”, lo que constituye el ser, o la existencia misma del universo, su sostén y plataforma ontológica. Si esos objetos existieran, aun en el mundo de la literatura, el universo, aun en el mundo de la literatura, no podría existir.

Y así, empecé a desgranar la imposibilidad existencial de algunos de ellos: la biblioteca de Babel, por ejemplo –dicho sea de paso, el objeto más grande nunca imaginado por la literatura–; no sólo no cabe en el universo (que sería incapaz de contener ni el 0,000000000000000001 por ciento de los libros), sino que, si existiera, el universo tendría una densidad tan alta, que se precipitaría en la inexistencia de un agujero negro; el libro de arena, con sus infinitas páginas infinitamente delgadas, exige átomos infinitamente delgados también, y el universo sería una lámina o un plano platónico sin volumen alguno; el aleph pone en entredicho la teoría de conjuntos, la existencia de los números, la imposibilidad del conjunto universal y la íntima inconsistencia del contundente infinito matemático con la empiria; el supermapa de El arte de la cartografía muestra que el conocimiento, cuando es perfectamente verdadero, es absolutamente inútil. ¿Se justificaba que los llamara “metaobjetos”? Yo creo que sí.

El público también, por lo visto. Pescaba signos de asentimiento mientras se asomaban a la tarea de la demolición de la empiria (de su mera posibilidad) mediante los cañonazos literarios de Borges, y abordé el tema de Funes el memorioso: el cerebro que lo recuerda todo, que registra todo en sus infinitos aspectos y sus perversas apariciones; es un anticipo del Aleph, sólo que metido en una cabeza que, justo por esa razón, deja de pensar, y se transforma en mera nada, en registro pasivo e inútil: el todo reducido a datos; a un mazacote de infinitos datos que no permiten una sola línea de pensamiento.

“Así –dije–, la cabeza de Funes es también un metaobjeto, metafísicamente imposible, ya que también niega cualquier empiria imaginable” y, para mi consternación, empecé a ver caras de sorpresa entre los estudiantes de Graz. Alguien levantó la mano y me dijo que no veía el problema en Funes, ni con la realidad, ni con la física, ni con la empiria ni con nada.

–¿Pero cómo puede ser? –le pregunté.

–¡Funes estaba conectado a Internet!

No supe qué contestar y el silencio se hizo en la Kunsthaus.

Fuente: Pagina/12 27/05/09 contratapa. Link: Borges...

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Babel, la perfecta pintura de una época.

Babel. Una película que pinta una época muy breve del mundo.

Hoy he visto Babel. Dos años después de su estreno y por la tele, como corresponde a un tipo como yo, que no paga una entrada de cine desde hace ya una pila de años y no la habrá de pagar nunca más. Pero confieso que, si hubiese pagado una entrada para ver esta película en un cine, no habría salido arrepentido de haber puesto unos pesos en la taquilla. La película es intensa y me atrapó de principio a fin.

Inmediatamente después de verla me hice un viaje de navegante trasnochado por Internet. Tenía curiosidad en conocer la ficha técnica de la película. Me habían impresionado el director, la interpretación de los actores, la música y el ritmo. Que no es poco, claro está.

En esa busca me topé con varios comentarios que cinéfilos, aficionados o simples cibernautas habían dejado por aquí y allá. Y me sorprendí al leer algunos de esos comentarios. Concretamente, me sorprendí al leer comentarios en los que se calificaba de racista a la película. A la trama de la película. A su contenido.

Sorprendente. Me pregunté: ¿a dónde vieron racismo estos tipos? ¿Qué parte de la peli me perdí? ¿La exposición cruda de la realidad del mundo en que vivimos es racismo? ¿El racismo (y la discriminación) están en el mundo o en la película?

Veamos.

La película pinta el drama existencial de cada uno de cuatro personajes: una pareja de jóvenes padres estadounidenses en un viaje por Marruecos para forzar un duelo; una sordomuda japonesa perdida en un mundo de seres oyentes y parlantes al que no puede acceder; un par de hermanos norafricanos, adolescentes y campesinos, miserables de toda miseria que desatan una tragedia y una mexicana inmigrante ilegal en los Estados Unidos que es víctima del azar.

La intensidad de la película se encuentra en eso: en el drama existencial de todos estos personajes. Dramas que son universales y cualquiera haya sido la elección de nacionalidades para esos personajes que el director hubiese elegido sería exactamente igual. Sin esos dramas, el film carecería de intensidad y sin ésta, no sería nada.

Una pareja que pierde un hijo y no pueden reencontrarse, perdidos en un magma ardiente de culpas, reproches, dolor. Una sordomuda que se encuentra perdida en un mundo que no está hecho para ella y cuyo único lazo con el mundo de los afectos, su padre, tampoco está preparado para penetrar en el universo de su hija. Un par de campesinos pobres que apuntan con un arma a un bus distante sin tener conciencia de que causan una tragedia. Una inmigrante con 16 años en Estados Unidos a quien la boda de su hijo la regresa a sus orígenes y este viaje la lleva a un infierno de confusiones.

En los cuatro casos está permanentemente la muerte presente, ahí, al lado de los personajes, rozándoles la piel, arrojándoles al rostro su fétido aliento. Los jóvenes estadounidenses han perdido un hijo y la mujer misma es llevada hasta las puertas de la muerte por un disparo. Los jóvenes campesinos también son movidos por los hilos de la muerte, ajena y propias. La adolescente japonesa no ha sido capaz de sobrellevar la muerte de la madre y anhela su propia muerte. El padre de la chica japonesa estuvo toda su vida produciendo la muerte, como cazador. Y la mexicana y los niños a su cargo estuvieron al borde de la muerte en el desierto.

Tratándose su director Alejandro González Iñárritu de un conspicuo cineasta mexicano (tal como su guionista Guillermo Arriaga), la presencia permanente de la muerte en toda la película queda plenamente justificada. Ya sabemos todos el idilio permanente que tienen los mexicanos con la muerte.

La película es brillante por su intensidad, como dije. Y esa intensidad es la que la convierte en un gran obra. Es verdad que tiene el defecto de lo demasiado obvio, pero eso no la desmerece.

De todos modos, toda esa trama dramática (que es lo que sostiene la película, repito) no es más que una excusa –consciente o no- de mostrar otra cosa, trascendente al drama personal de cada uno de los personajes.

Y esa otra cosa que la película quiere mostrar no es más que la pintura exacta, realista, cruda y cruel del mundo en la era inaugurada por Bush a partir del 2001; era que, gracias a Dios, acaba de finalizar. Un orden internacional basado en la supremacía de Occidente, del occidente blanco, en la identificación de toda cultura ajena a ese Occidente blanco como terrorismo. ¿Racismo? Sí, una forma de racismo (y de discriminación, en el caso de la chica japonesa), pero que no aparece en ninguno de los personajes, ni protagonistas ni secundarios, sino en el sistema policial en el mundo impuesto por la ideología de la era Bush.

El racismo y la discriminación no están presentes en los personajes, están presentes en el sistema. Más aún: todos los personajes dan muestras permanentes de solidaridad. Exceptuando el egoísmo de los viajeros del bus en el que se desatan los acontecimientos, todos los demás personajes se muestran solidarios. Así que no veo cómo puede tildarse de racista a la película.

El hecho azaroso que desata el ordenamiento del caos es un disparo que, sin ser accidental, tampoco es doloso. Como el disparo ocurre en un país musulmán y la víctima es una joven estadounidense, la máquina del orden mundial impuesto por Bush se pone en funcionamiento desde el primer momento de la película hasta el último.

Y el recurso que delata al espectador ese mecanismo “antiterrorista” imperante en el mundo es la prensa. Todos los personajes que intervienen en la tragedia saben que el disparo ha sido un lamentable accidente causado por la inconsciencia de dos adolescentes, casi chicos, pero nadie puede evitar de los medios –la voz oficial del relato mundial- sigan informando que se trató de terrorismo. ¿Ocurrió en un país musulmán? Pues entonces debe ser terrorismo. Eso es lo que la película Babel muestra.

Es más: tengo para mí que la alteración de lo lineal en lo temporal para el relato tiene el propósito de que en muchas escenas aparezca la pantalla de tv que informa el “desarrollo” del acto terrorista de “la turista americana”.

Y el mecanismo del relato antiterrorista está tan bien aceitado, es tan automático, tan irracional, que hasta la propia policía estadounidense no sabe reconocer a sus propios ciudadanos que debe proteger (en este caso dos niños). Y ni la policía japonesa sabe reconocer la integridad de sus propios ciudadanos cuando el relato mundial manda a dudar de todo y de todos.

Si hay una lectura política, o social, de Babel, pues para mí es ésa: la exacta pintura de lo irracional de una política imperial absurda, paranoica, represeiva, deshumanizada y violadora de los derechos humanos como ha sido la era Bush.

Eso es lo que vi en Babel. Como no soy cinéfilo, ni experto, quedo eximido de toda culpa.

Au revoir.
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Brad Pitt en Babel.

Brad Pitt en Babel


La trama:

Un montañés norafricano vende a otro paisano suyo, padre de dos hijos, un fusil. El campesino comprador le enseña a tirar a sus dos hijos varones, con la intención de matar chacales que les matan el escaso rebaño del que son dueños. En ocasión de hallarse solos los dos chicos, tiran hacia un bus que marcha en una ruta lejana, para ver “si llegaba la bala”. La bala alcanza el bus e hiere gravemente a una turista estadounidense. Ésta iba en el bus con su marido, en un viaje que tenía el propósito de forzar el duelo por la muerte de un hijo. Ambos son jóvenes. Sus dos hijos, de unos siete a diez años, un chico y una chica, quedan en los Estados Unidos, al cuidado de una mexicana indocumentada que durante años los cuidó, trabajando en forma ilegal para el matrimonio ahora en viaje por Africa. La mujer no tiene mejor idea que llevarlos consigo hasta su pueblo natal en México, para la boda de su hijo. Al término de la fiesta, regresan en un auto conducido por un pariente de la mujer mexicana, también ilegal quien, borracho, se topa con la policia en la frontera. Basureado por un policía paranoico, huye con el auto a toda marcha, originando una persecución policial. Cuando advierte que corren peligro los dos chicos, los deja, junto con la mujer, en medio del desierto y continúa la huída solo, seguramente hacia la muerte. Los pequeños norteamericanos y su cuidadora se pierden en el desierto hasta que son encontrados por la policía. La mujer es deportada inmediatamente. Mientras tanto, el padre de los chicos, en Marruecos, lucha contra el mundo para que su mujer malherida sea asistida en un hospital, hospital que queda lejos y sin transporte que la lleve. Por otra parte, la policía marroquí encuentra al dueño del arma que causó la tragedia. Éste confiesa dos cosas: habérsela vendido a quien se la vendió y haberla recibido de un cazador japonés en gratitud a los servicios que le prestó como guía. La policía decide buscar al nuevo dueño del arma y, a la vez, corroborar la historia del origen del arma. El cazador japonés aludido es un hombre muy adinerado que vive en Tokio, viudo de una mujer suicidada y padre de una adolescente sordomuda que es victima de la discriminación o, al menos, de la indiferencia del mundo. La policía japonesa corrobora la historia del campesino marroquí. Por otro lado, la policía norafricana encuentra a los campesinos que han hecho el disparo y, tras un tiroteo desatado por la desesperación del acorralado, son capturados. Uno de los chicos recibe a la vez un disparo. Finalmente, la joven pareja estadounidense es trasladada en helicóptero a Casablanca donde es finalmente operada en un hospital y salva su vida.

Una botella al mar. Un texto de Sergio Ramírez.

Una botella al mar. Un texto de Sergio Ramírez.

Sergio Ramírez, desde Managua, envió una colaboración a La Nación que el diario publicó hoy y que vengo a traer aquí, enlace mediante.

El autor declara sin tapujo alguno un sentimiento que quienes ejercemos la artesanía de escribir experimentamos con alguna extrañeza (sobre todo si somos mayorcitos), pero también con creciente fascinación ante una forma nueva de la artesanía de escribir, como es la red.

Manifesta Ramirez su contradicción entre la nostalgia por los viejos medios de la escritura, y la sensación maravillosa de enfrentarse, en el nuevo modo de escribir que significa la red, a manifestaciones únicas, singulares, que sólo la red puede dar. La más impresionante de esas manifestaciones es, sin duda alguna, la presencia constante del lector, la existencia del lector en tiempo real.

Ramirez lo manifiesta como escritor profesional, para quien el libro como objeto, en papel, es algo más que una forma de manifestación material de la nostalgia. Pero también como escritor profesional declara su pasmo ante el fenómeno que otros escritores, con un espíritu tal vez corporativo, tal vez de élite, soslayan, desdeñan e incluso aborrecen.

Dice Sergio Ramírez en una parte de su texto:

Hoy soy un blogger , un “bloguero” entre millones. Escribo en una nueva democracia de las palabras. Las anotaciones diarias de mi bitácora, que lanzo todos los días dentro de la botella, son una escritura compartida, una experiencia que no se parece a ninguna otra de mi vida de escritor. En este nuevo espacio que creo cada vez bajo mis dedos, las viejas teclas haciendo su oficio de siempre, la palabra sin consecuencias deja de existir y entra en un nuevo espacio dialéctico en el que toda frase gana la posibilidad de tener una respuesta y cada afirmación puede ser de inmediato desafiada, y por tanto, la palabra viene a situarse en ese territorio dichosamente precario en el que quien escribe puede ser corregido en sus juicios, puede enmendar sus opiniones o refutar a quienes lo refutan.

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Otros exponentes de la cultura, a quienes la existencia de la red les permitió ingresar en el territorio de la escritura en la red no como escritores profesionales sino como colaboradores de la cultura, manifiestan también ese fenómeno, sin las aprehensiones que suele tener el escritor profesional, o consagrado, o tradicional.

Por ejemplo el actor Fernando Peña. Su experiencia como columnista en Crítica lo ha llevado a incursionar en ese tipo de reflexiones y hace pocos días presentó un texto lleno de interrogantes ante el fenómeno que se da la red.

Porque hay que admitir, como lo sugiere Ramírez, que no es lo mismo entregar el texto en la redacción del diario para que éste lo publique a que el texto publicado aparezca, además, en la versión online del diario. No es lo mismo.

El autor ya no puede desentenderse del texto creado a partir de su publicación. Todo lo contrario: es recién a partir de su publicación en la red cuando debe comenzar a hacerse cargo de su texto. ¿Por qué? La razón es sencilla: a minutos de la publicación de su texto, el autor comienza a recibir el feed back del lector. Que, claro, en el caso de los consagrados, es multitudinario. Imposible sustraerse a la tentación de leer los comentarios que nuestros textos provocan. Y eso es lo maravilloso de la escritura en la red.

¿Qué significa este fenómeno en términos de futuro, de cultura, de democracia?

Te dejo el texto completo de Sergio Ramírez, en el enlace que sigue, y tal vez te ayude a encontrar una respuesta a esos interrogantes:
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La tecnología y la democratización de la palabra escritaUna botella al mar

Sergio Ramirez

lanacion.com | Opinión | Lunes 12 de enero de 2009

Nunca es tarde…

Selecciones del Reader dog:”Yo soy”, un texto de María Fiorentino.

Llega a mis manos un libro que debí haber descubierto antes, pero… nunca es tarde cuando el premio vale. A ocho años de su publicación, disfruto ahora de la lectura del libro de María Fiorentino, Frío de película, hambre de novela.

Para quienes la vida nos impuso la tarea de darle duro a la calle para ser el sostén de los nuestros, de nuestros seres queridos, el Tiempo, con idéntica fuerza que nos endilga achaques y miserias, nos escamotea las necesarias horas para el teatro, los conciertos, las conferencias.

Así, muchos conocimos a María Fiorentino recién cuando la pantalla de la televisión le dio a la actriz esa popularidad masiva que da la televisión. Popularidad ésta que muchos desprecian porque la tienen por falsa, pero como es la que nos incluye a todos los otorgadores de popularidad y no sólo a las minorías favorecidas por la fortuna o habilitadas por algún procedimiento hermético, es genuina.

A través de la tele, todos conocimos la figura y la capacidad actoral de María Fiorentino y, claro, la aceptamos inmediatamente como auténtica figura popular.

Después, a través de noticias que daban cuenta de su actividad, supimos de otras facetas de esta rosarina de pura cepa, de esta argentina de pura cepa, de esta Negra de pura cepa que es María Fiorentino. Y hemos llegado, al fin, con algún retraso (pero nunca es tarde…), a su libro.

mariafiorentino.jpgEs un libro que a mí me impacta profundamente. Lo digo en tiempo presente porque aún no he agotado su lectura. Existen en el volumen textos que están en correspondencia misteriosa con otros textos de cierto autor que algún prurito me impide nombrar. Digo, en otras palabras, que leyéndola, me reconocí. Y claro, no es casual. Tenemos mucho en común ella y yo, ella y otros miles de argentinos como yo y ella. Sobre todo, tenemos en común los tiempos de muchos trágicos segmentos de la historia reciente de la patria. Yo vengo del cincuenta y cinco. / Yo vengo de adentro de una zanja. declara María Fiorentino. Y de esa zanja venimos muchos…

No he agotado aún, como dije, la lectura de Frío de película, hambre de novela. (De todos modos sé, ya, de puro calentón que soy con los libros, que que la razón de ser del título aparece en la página 218. :-) ) Pero lo que leí hasta ahora me produjo un inmenso placer. Elegí para vos, lector, un texto que no requiere comentario alguno. Sólo imaginate a María Fiorentino, en un escenario, gritando estas palabras:
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Yo soy
por María Fiorentino.

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Soy yo.
Me poseo. Me pertenezco. Soy.
Estos ojos grandes, de mirada ojerosa de tercera generación argentina y cansada, casi negros, que me miran. Que me atrevo a mirarme.
Soy yo. Me llamo María Elena. María por la Virgen y Elena por la abuela.
Soy yo. Cédula de identidad 9.275.303, expedida por la Policía Federal el 20 de julio de 1978. Ah. Mil novecientos setenta y ocho.
Soy yo. Vengo y permanezco. Estoy.
Estoy en un país en el cual durante siete años seguidos a la gente se la tragó la tierra. Literalmente hablando.
Literalmente haciendo la memoria vengo de un país que quiere ser amnésico. Vengo, estoy, en un país donde el que no llora no mama y el que no afana es un gil. Vapuleada, vilipendiada, estrecha y dolorida República Argentina, bananera sin bananas, con ese nombre majestuoso de mina, de mina resistente y aguantadora del tipo de mi vieja: República Argentina.
Soy yo.
Vengo de un país cueva, de un país pampa, de un país Boca-Ríver, de un país Liberación o Dependencia.
Y está bien que así sea.
Vengo de un país moreno, con sonrisa desdentada y con bombo ruidoso y vereda de enfrente: pulcra, blanca, engominada, la vereda de enfrente.
Vengo de llenar la Plaza, vengo de correr por la Plaza,a veces repudiando, otras veces repitiendo un nombre con los ojos velados, de soñar la Plaza y por la Plaza vengo.
Estoy.
Vengo.
Llego.
Quiero creer que estoy llegando de nuevo.
Salgo: y soy yo:
treinta y siete años, un metro sesenta y pico de estatura y no soy chueca y pará de contar.
Tengo algunas heridas visibles y otras que no tanto. Y las visibles se deben a que soy torpe. Vivo
……………….cortándome los dedos
……………….quemándome las piernas
……………….golpeándome los codos
……………….quebrándome las uñas
……………….cayéndome en la calle
……………….mordida por los perros
……………….haciendo laringitis
……………….poniendo antitetánicas.
y las que no son tan visibles se deben a mi origen y son el único patrimonio respetable que tengo.
Estoy.
Antes vine.
De la segunda ciudad mudada a la primera.
Ahora tengo veintidós años: llego, refundándome, renaciendo a la vida con pequeño equipaje.
Unas ganas terribles y algunas cosas en mi haber no lamentables: el mito de la virginidad abandonado a los veintiuno (mayorcita, como verdaderamente corresponde,
el mito de la misión unica de la mujer sobre la tierra cambiado por el teatro (con un novio plantado casi casi en la iglesia),
el mito del no se puede derrumbado a curiosidad, deseos y coraje y un poquito de Jauretche y de Guevara
otra dosis de Evita y Juan Domingo
Marechal y Neruda, Vacarezza y Discépolo
Fidel Castro y Tsé Tung.
Vine de la mercantilista, la portuaria, la sofocante segunda ciudad de la República, Rosario. Cuna de valientes, si los hay.
Vine.
De no querer morirme sin probar.
Vine del Rosariazo,
vine de un frigorífico, de una calle de tierra frente a un orfanato.
Para tener amantes y llenarme de sonrisas el cuerpo, hacer la revolución con estas manos, no olvidar el pasado, trabajar y estudiar en el presente creyendo en el futuro.
Para vivir.
Para vivir venía.
De una manera campesina y sirvienta y de un padre desclasado al revés, y después gremialista.
Yo vengo de ser única privilegiada. Vengo casi de debajo de una bota.
Vengo del Hombre yéndose en la cañonera y la gente llorando bajito y pidiendo que no.
Vengo de aprender a leer en la biblioteca de un Sindicato, con un libro de Derecho del Trabajo.
Vengo de un beso de Don Hugo del Carril en la mejilla.
Verngo de ser marginada a los seis en la escuela primaria; Reina de la Primavera a los catorce, elegida entre otras cuatro púberes horribles en un picnic con lluvia hecho en una terraza; pardita de vuelta sobre la adolescencia y después ya La Negra para siempre.
Algún día yo seré otra vez la Reina. De mi primavera.
Vengo de haber jugado hóckey sobre césped en un intento fallido de sentirme blanquita.
Vengo de haber mamado bien, por suerte.
Vengo de haber sido Delegada. Y eso no se paga.
Con nada.
Vengo de subirme a un escenario casualmente y no querer bajarme nunca más. Y aquí estoy.
Vengo de estar acá parada
o caminando
o corriendo a tropezones para que simplemente venga alguien y me diga, mirándome a los ojos, que me quiere.
Aunque después sea todo mentira.
Vengo, llego.
Yo vengo de muchas copas de sidra y vino tinto en damajuana y Feliz Año Nuevo entre cohetes y disparos y entre dientes Viva Perón y que trabaje el patrón y está bien que así sea.
Vengo de no querer seguir así.
De no querer morirme vengo.
Yo tengo de un recuerdo las ventanas tapadas, de luces apagadas, de soldados y tanques que pasaban y pasaban y pasaban.
De adentro de una zanja,
Era el derrocamiento y mi madre lloraba.
Yo vengo del cincuenta y cinco.
Yo vengo de adentro de una zanja.
Yo soy.

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Maria Fiorentino. Yo soy, de Frío de Película, hambre de novela. Homo Sapiens. Tea. Buenos Aires 2000, pg. 21. El texto fui incluido en el espectáculo unipersonal Piedras y Huevos, que representó a la Argentina en los festivales Córdoba ’86, Cuba ’87, Los Ángeles USA ’90 y Córdoba ’90.

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Empanadas peronistas a la Theodoro.

Hoy cocino: empanadas criollas peronistas, con mi toque personal.

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Queridos amigos:

Les voy a dejar mi receta de empanadas criollas. Es una variante peronista de las populares empanadas criollas que, además, tienen mi toque personal.

Son de la variante peronista porque llevan uvas pasas o pasas de uva, que representan al cabecita negra; aceitunas verdes descarozadas y en rodajas, que representan a los gringuitos aliados, no gorilas; huevo duro, que representa… eso, mucho huevo; comino como base de condimento, que representa lo que nos importan boludeces tales como el riesgo país y la cotización del Merval.

Y tienen mi toque personal, el puerro, cuyo gusto rústico, fuerte, representa al trabajo real, el sudoroso. ¡Es un decir, che! :-)

Vamos a hacer unas treinta empanadas con estos ingredientes:

Carne picada. 600 gramos de rosbíf; que puede ser también paleta, nalga, cuadrada, cuadril, tapa, según te guste. De carne, bah. Pero, ¡ojo! no comprés picada. Hacé que te pasen la carne que elegiste por la máquina de picar en el momento de la compra. Por ahí el carniza tiene un fuentón lleno de picada “común” y ni bien vos le decís: “dáme 600 de rosbíf y picameló”, te va a mirar con mala cara, pero vos hacete el gil e insistí. La “común” no me la quiere comer ni el perro, así que…

Cebollas: dos.

Cebollines o verdeos: uno

Ají o pimiento: uno chico

Puerro: un pedacito, un “cigarro” (ojo: puerro, no porro)

Pasas de uva: a discreción. O sea, como te guste

Sal, comino, ají triturado, condimento para pizza o condimento para empanadas (sé’igual).

Para el armado:

Huevos duros: tres

Aceitunas verdes, descarozadas y en rodaja. A gusto.

Tapas o discos. Las tapas, hermanito… a comprarlas en lo del chino. Se pueden amasar, pero… ¡te la regalo! (De cualquier modo, si algún lector de las Extranjias lo pide, le puedo dar un par de recetas de discos para empanadas). Por estos pagos, mejor comprarlas en el súper.

Hay varias marcas de excelente calidad. (Las baratas del supermercado español que te cobra la bolsita son muy buenas también). Las podés elegir hojaldradas o criollas. Eso es a gusto. Mis preferidas (y que recomiendo) son unas cuya variante disco grande lleva la leyenda premium.

Vamos a la cocina.
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empa01.jpg

Aquí tenemos los ingredientes básicos para el relleno. Como no todo es felicidad en la vida y siempre hay algo que te la caga, dejá a la vista las facturas a pagar, como para que no se te olvide eso, es decir, que siempre hay algo que te…. ya sabés.

Las cebollas, el ají (o pimiento), y el bulbito del cebollín, los picamos a lo bestia. Si tenés un procesador… dale. Fijate que el volumen de la cebolla picada con el aji es más o menos igual al de la carne a usar.
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Cebolla y pimientos picados a fino

Las partes verdes del cebollín, y el “cigarro” de puerro, los cortás a cuchillo como para que te queden aritos. Y las dejás aparte.
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empa03.jpgPuerro y cebollin te queda en aritos

La carne la metés en un recipiente cualquiera para poder “amasarla”. Ahí, en la carne, tirás la sal, el comino, el ají molido y el condimento mezcla. También ponés ahí los aritos del cebollín y del puerro. Sobre todo eso, tirás una taza o dos de agua hirviendo. Sí, tal como leíste: agua hirviendo.
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Agua hirviendo sobre la carne y los ingredientes verdesLas pasas al final, para que se hidraten

Luego de remover todo con una cuchara o tenedor, metés mano y con la mano mezclás todo bien. Vas a ver que la carne, con los condimentos y el agua, toma una textura más de “pasta”. Perfecto. La dejás aparte.

Tomá una sartén, o una cacerolita o cualquier cacharro y le metés tres o cuatro cucharadas de aceite y un cacho de manteca. Si te da el bolsillo, meté un súper cacho de manteca (mantequilla en otros pagos).

Sobre el aceite con la manteca en caliente tirás las cebollas y el ají picado y ahí las dejás hasta que tengan el color característico de la cebolla rehogada.

Cuando la cebolla con el ají alcanzó ese punto, le tirás la carne que tenías mezclada con los otros ingredientes y mezclás todo bien, como se ve en la foto. En este momento, le tirás las pasas de uva, para que vayan hidratándose en el jugo del relleno.

¿Cuánto se cocina esto? Poco. Hasta que la carne pierda todo vestigio de rojo o rosado. A fuego medio, te puede llevar cinco minutos, más o menos. Éste es el momento de probar cómo quedó de sal y condimentos. Que las empanadas que te vas a comer piquen o no piquen, queda a tu gusto. Así que…, vo’ ves.

Cuando alcanzó ese punto, retirás del fuego y dejás enfriar. Para el armado de las empanadas, es mucho más cómodo que el relleno esté completamente frío, así que es conveniente meterlo en la heladera, si te da el tiempo. (Si en lugar de aceite y manteca usás margarina o grasa, es conveniente que el relleno “solidifique” en frío). Yo las prefiero con aceite y manteca. Somos negros pero finos, ¿vistes?

Ahora ponés un cacharro con agua al fuego y ponés a hervir tres huevos. ¡Meta, meta, meta hueeevo!

Ahora te armás de paciencia y te ponés cómodo.
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todo a la mano para armar las empanadaspaciencia para el repulgue

Cazá un plato y meté los huevos duros. Los podés cortar en pedacitos con un cuchillo o pisarlos con un tenedor. En otro platito, metés las aceitunas verdes. Y empezá a tomar las tapas para las empanadas.

Ponés una cucharada generosa de relleno en el medio de la masa, luego agregás un cacho de huevo duro y unas rodajas de aceitunas. Doblás el disco por el medio y luego de presionar las partes que se juntan para que queden bien pegadas, las repulgás. ¿Qué no sabés repulgar? ¡Ah, muchacho; ah, muchacha!… ¡A joderse! Aprenda, che, que no es tan difícil… (Entre nosotros, yo no sé usar el pulgar para repulgar. Uso el índice. ¿Será indecar? ¿Indexar? ¿Indicar? :-) )

Hermoseadas como adolescente pa’l baile, las vas poniendo sobre una pizzera enharinada.

¿Hay que pintarlas? Eso va en gusto de cada quien. Si usás discos de masa hojaldrada, es mejor pintarlas. Si usás el disco de masa criolla, no las pintás. O al revés. Hacé como quieras. Si las pintás, que sea con huevo batido y a pincel. A mí me gustan así como vienen.

Cocción.

El horno tiene que estar, no caliente, sino recaliente. Más caliente que lector de La Nación cuando lee el nombre de Cristina.

Metés la asadera al horno y a esperar. Cuando están doraditas… ¡ajuera!
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Empanadas peronistas a la Theodoro.

Aquí tenemos las primeras diez. ¿Qué? ¿Qué son ocho y no diez? ¡Ja! Es el derecho del cocinero. Pa’ probar, ¿viste? :-)

A la mesa, hermano, con un buen tinto y ¡a comer! Cuando tenés la panza llena y después del tercer o cuarto vaso de tinto mendocino te mandás el consabido: ¡Viva Perón, carajo! y a otra cosa mariposa.

Fue un placer.
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Au revoir.
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La corazonada del científico y la buena noticia.

Una decisión médica basada en una corazonada produce resultados alentadores para los portadores de VIH.

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La recepción de las noticias que provienen del mundo científico nunca ha sido sencilla para el hombre de a pie.

A la falta de conocimientos puntuales que permitan una interpretación cabal del asunto que la noticia trata, se suma generalmente la ligereza con la que los medios de comunicación transmiten la nueva.

Pero hay veces que no se puede pasar por alto la circunstancia de que la noticia pegó y pegó fuerte. Éste es uno de esos casos.

Un señor de cuarenta y dos años, con diez de portador de VIH, controlado este virus con la medicación habitual para esta patología, adquiere una leucemia. Consulta al instituto pertienente y en éste prescriben el trasplante de médula –protocolar- para el tratamiento de la leucemia.

El centro médico está en Berlin, es el hospital La Charité, su director es el doctor Eckhard Thiel. Hasta aquí, lo corriente.

Pero sucedió que el hematólogo interviniente, el doctor Gero Hütter (ver foto), tuvo la idea de buscar un donante que fuese portador de una mutación genética conocida como Delta 32 que tiene la propiedad de otorgar inmunidad, a sus portadores, de la mayor parte de las cepas de VIH.

Hallado el donante apropiado, se realizó el trasplante. También como maniobra de protocolo, al recién trasplantado se le suspendió toda medicación antiviral, bajo observación. El resultado fue que a casi dos años de realizado el trasplante, el paciente no presentó ningún rastro de VIH en su organismo.

El caso es, como se comprende de suyo, altamente esperanzador. A pesar de que las autoridades del hospital trataron de no hacer público el caso hasta que transcurriera un tiempo prudente, el mismo se conoció a través de un artículo periodístico que tuvo tan extrarodinaria repercusión que obligó a las autoridades del hospital a dar una conferencia de prensa.

Las crónicas periodísticas que se ocupan de este caso las podés encontrar en:

En La Nación 14/11/08: Logran curar “accidentalmente” al VIH.

En La Nación. 14/11/08: Consulta al doctor Pedro Cahn: Es apenas una hipótesis a investigar.

En Infobae 14/11/08: Accidentalmente curan a un hombre con Sida

Reuters America Latina: 14/11/08: Trasplante de médula suprime el Sida en un paciente en Alemania.

En La Prensa. 13/11/08: Alemania logra curar el sida con un trasplante.