Soneto.

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Hubo un tiempo en el que fui como esa sombra negra
que acecha en los oscuros rincones de la casa.
Una sombra que no está y sin embargo amenaza
porque es para los otros una ausencia imperfecta.
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Me refugiaba entonces en una estancia lenta,
desdeñoso del tiempo, como si fuese falsa
la declinación del sol, y apenas otra cara
de la nada la noche, en estrellas truculenta.
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Una mañana vi el sol como lo vio el primero
de los mortales y fue como si el día fuera
el patíbulo que Dios armó para mi duelo.
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Yo mismo, con mis manos, estrangulé la cuerda
hasta que ella, la Furia, escupió su postrimero
estertor y otras sombras entraron en escena.
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Alfredo Arri (Theodoro) febrero 2010
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Sólo una vez
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Sólo una vez.
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Ya verás cuando te llegue el día
en el cual confieses un te quiero
y encuentres en el rostro de la otra
o del otro
la mirada irrepetible
del asombro, la sorpresa, la alegría.
Ya verás cuando te llegue el día
en que oigas el te quiero que te asombre
y encuentres en el rostro de la otra
o del otro
la mirada indescifrable
de quien ama o cree que ama
y dice lo que siente o cree que siente
y promete lo que acaso nunca cumpla
y selle con un beso
la promesa (o la mentira) y la mirada.
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Alfredo Arri noviembre 2009
Décimas acongojadas.
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En fría noche de julio,
de pesar y luna llena,
siento correr por mis venas
el dolor de un falso orgullo:
El disco blanco en lo oscuro
pauta la seña indolente
de un mal dios, que omnipotente
nos muestra la eternidad.
Lleva el hombre en su heredad
la levedad del presente.
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Dicen los hombres que ofician
artes y sabidurías
que tristezas y alegrías
son de una sola vendimia.
Que no hay astucia ni alquimia
que elimine una tristeza
y que no existe destreza
que pueda ordenar las cartas.
El Azar da las barajas
y de a una, las certezas.
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Congojas hay para todos
y para todos hay dicha.
Van en la misma mochila
los pesares y los gozos.
Cargamos sobre los hombros
lo que la vida nos da,
y hay una sola verdad
que no está echada a la suerte:
es ésa cosa, la muerte,
el frío punto final.
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Alfredo Arri (Theodoro), julio 2009
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Réplicas.
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Hoy vi un anciano de mirada triste.
En su paso lento había el cansancio
de los años. En el estrecho espacio
de la acera buscaba un paso firme.
Guiaba su diestra un bastón creíble
en tanto la otra columpiaba un diario.
Le vi obsequiar un buen gesto al precario
buenos días de un circunstante humilde.
En la fugacidad de aquel atisbo
vino a mí la memoria de mi padre
en sus últimos años, los sombríos
años lentos de la muerte flagrante.
Comprendí entonces que ese hombre marchito
era yo mismo en mi próximo viaje.
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Alfredo Arri (Theodoro), julio 2009
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Celebrantes de la muerte. Poesía
Poesías.
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Celebrantes de la muerte.
Los adoradores de crueles dioses
celebran la partida de su penúltimo héroe
y en la ruidosa celebración de la muerte
ajena
va implícita, creo yo,
la celebración de la muerte propia,
la celebración de la muerte toda.
Quienes no fuimos alcanzados por esa fe
ni lo seremos
no alcanzamos a comprender.
ni comprenderemos
los seguramente prefabricados y repetidos porqués
de ese ritual de alborozo colectivo
ante la partida del penúltimo héroe.
Quienes pertenecemos a las fes
de los antiguos dioses
aún tememos a la muerte.
Tanto le tememos, que no la celebramos
ni la celebraremos
jamás.
Lloramos a nuestros muertos
porque lloramos la muerte
La muerte toda.
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Alfredo Arri. (Theodoro)
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La ilustración para esta entrada es la obra El Patio y la Farola, de Miguel Angel Nuñez. España. Expone y vende en Artelista.
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Tango argentino.
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Ver ilustración ampliada y datos de la misma más abajo
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Tango Argentino.
El tango tiene asegurado su modesto sitio en el cosmos, entre los arquetipos menores de la Creación. Así lo afirman los sabios de elegantes sabidurías. Según esa filosofía, la Idea del tango está porque ha estado desde siempre y por siempre estará. Estaba de antes de que se inventara esta región sudamericana de quejumbrosos tangueros, de europeos incivilizados, de criollos europeizados, de indios domesticados, y de vacas gordas per secula seculorum. Una pampa demasiado vasta y la nostalgia recia de unos hombres patéticamente solos, marcadamente ásperos, descubrieron el tango.
El tango, ésa ráfaga…
Si lo descubrimos nosotros los argentinos, no debió de haber sido tan difícil la tarea. No estamos llamados a las grandes proezas nosotros, los inventores de un falso invento llamado tango. Tal vez fue una generosa (o descuidada) revelación divina. Una epifanía menor que de puro chapuceros no supimos descifrar, o desciframos mal.
Guitarra, flauta y guitarra alcanzaron para hacer dueños del tango a nuestros antepasados no tan lejanos. Después se coló el violín, y con el violín el piano y con el piano el bandoneón. y con toda esa mezcla encopetada de armonizadas quejas se coló también el canto llorón. Pero hacía falta algo más: Dos hombres se pusieron a bailar obscenamente en una estrafalaria representación de la cópula humana y el tango fue. O simplemente sucedió. O fue revelado. No hacía falta nada más.
Pasaron más de cien años y unas cuantas vidas bajo los puentes de París y el tango es ahora propiedad del mundo entero. Algo así como un bien jurídico de la humanidad. Al igual que unas vulgares pirámides de antiguas e idealizadas civilizaciones, muertas hasta el hartazgo de la muerte. O como unas monótonas cataratas bordeadas de pasarales para el turista multinacional de cámara y sonrisas únicas. O como unos insípidos bosques poblados de patosos gnomos, drogados hasta el tuétano con alucinantes setas. Propiedad de todo el mundo. Así lo manda la globalización. Ésa que nace en Hollywood y se apodera del cacumen de todos, en todo el mundo, para obrar milagros, en blanco y negro o color.
Dentro de cien años y más el tango podría llegar a ser un invento finés, o belga, o polaco, o ruso. O alemán… Das Gute Tango! ¡Andá a saber! Este mundo está tan enrevesado que nadie sabe dónde queda, en estos mismos momentos, la tan mentada civilización.
Cuando ese día de expropiación del copyright rante nos alcance, y como testimonio firme de una queja, (inútil, de puro subdesarrollados que somos), nosotros, los argentinos, no tendremos más remedio que componer un tango más. Un tango llorón, quejumbroso pero al mismo tiempo viril. Es decir: un tango cabal.
Bien argentino.
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Alfredo Arri. (Theodoro), junio 2009
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o0o
Marca registrada.
Con mi firma. Marca registrada.
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Marca Registrada.
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Ya no sé cuál hombre o cuál mujer me inició en la búsqueda de un misterio que supuestamente tiene la vida y al que se accede sólo a través de las palabras y el tiempo. He transitado las dos cosas: las palabras y el tiempo, ambas cosas con fervor, y sigo sin hallar aquél misterio. No afirmo que la vida -con su otra cara, la muerte- no tenga arcano alguno. No. El sentido común y un poco de humildá (a desgana) me obligan a reconocer que he sido yo quien no ha sabido ver lo que seguramente está a la vista de todos, o de muchos. Lo cierto es que sigo sin dar con el tan mentado arcano que ha desvelado a poetas y filósofos aquí y allá. Si hay alguna certeza en mi saber es esta: No me hallo lejos del día en que habré de resignar la trabajosa búsqueda. Si no lo he hecho aún es porque no quiero resignar, no la búsqueda, sino las palabras que buscan. La palabra, esa inútil herramienta que sostiene a duras penas, en el reino de los dignos, ésta, nuestra marca registrada llamada humanidad.
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Alfredo Arri (Theodoro) mayo 2009.
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La ilustración de esta entrada es un dibujo de Aída Emart, de México. Lleva por título: Los delirios del Quijote”. Podés ver otros dibujos de la artista en Artelista.
Geografías. Soneto.
Con mi firma. ¿Poesía?. Geografías. Soneto.
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Geografías.
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Ya no podré contemplar cierto cielo
que alguna vez entre vigilias vagas
y sueños vanos lo soñé perfecto.
Ya no podré porque no habrá mañana.
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Ya no podré andar el camino extenso
a Machu Pichu, Roma, Tierra Santa
o la Gran Muralla de tantos sueños.
Ya no podré porque no habrá mañana.
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En el ocaso de la vida mueren
antes que el cuerpo las antiguas ganas
y es la esperanza sueño evanescente.
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Ahora que sé que no habrá mañanas
Volveré a beber de la antigua fuente
del viejo patio, con sus aguas calmas.
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Alfredo Arri. (Theodoro) 25/05/09
Mario Benedetti
Ha muerto Mario Benedetti
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Los diarios dirán, hoy,
que el mundo ha perdido un poeta mayor.
Pero los diarios no habrán de informar
que con esa muerte ha quedado herido
……. para siempre
el corazón de un pueblo humilde
……. y valiente
……. del Sur.
Yo sé, aunque los diarios no lo digan,
que en alguna humilde morada
de la República Oriental del Uruguay,
algún poeta menor que atesora
los libros de Mario Benedetti
y los discos de Alfredo Zitarrosa
está en estos mismos momentos
borroneando los versos
de un poema
o de una milonga de ésas,
……. irremediablemente tristonas.
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Alfredo Arri (Theodoro)
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NOTA: En este mismo blog, en la entrada No te salves, podés escuchar (y ver) a Darío Grandinetti recitando la célebre poesía de Mario Benedetti, y en el mismo video, el propio Benedetti recitando Corazón Coraza, en alemán. Escenas de El lado oscuro del corazón, de Eliseo Subiela. Altamente recomendable.
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Décimas del valle. Versos de arte menor.
Versos en arte menor.
En este mismo blog, de vez en vez publico décimas, el metro más difundido en América para la poesía popular. Lo hago amparado en la categoría ¡Recreo! y son, generalmente, humorísticas.
Las décimas octasílabas forman parte del grupo llamado versos de arte menor. Y en muchos casos se componen décimas festivas, humorísticas o directamente chuscas. Ése género, el humorístico o chusco es el que cultivo…
Pero, de vez en cuando uno se deja llevar y sale otra cosa. Algo más pretencioso.
En general, siento algún prurito en darlas a conocer. Vergüenza, tal vez. O temor a que se las tilde de trilladas, remanidas. En fin, después del esfuerzo de componerlas, no es lo que uno quiere oír que se digan de ellas: trilladas. De todos modos, decidí correr el riesgo (después de todo, ¡es lo que hay!), y aquí va una.
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En la quietud del paisaje
sólo hay rezongos de río
y al sol se mecen tendidos
los colores de la tarde.
En las honduras del valle
reina el silencio infinito
y sólo el canto fortuito
de algún pájaro soberbio
le da sabor al silencio
cuando su voz la hace grito.
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Los cerros del occidente
se desnudan ante al sol
y el buen astro, en su esplendor
se entrega manso al poniente.
En el río, una corriente
mueve meandros de plata,
y en los árboles las aspas
de mil molinos en verde,
arrulan un canto leve
y dulce, como una zamba.
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Vallecito en que cantaron
copleras y vidaleros
y donde cacharpayeros
a sus amigos lloraron.
¡Cuántos poetas soñaron
palabrarear tu belleza!
¡Cuán rica que es tu riqueza
cuán pobre tu pobrerío!
Yo te canto, valle mío,
para apagar mi tristeza.
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Alfredo Arri (Theodoro)
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