Subscribe to RSS Feed

Mario Bunge y un relato muy humano.

Relatos de autor.

El gran sueño del pastor.
.
por Mario Bunge.

Nuestro epistemólogo Mario Bunge, quien transita ahora los noventa de su edad, nos regala un relato que sin duda alguna merece ser divulgado entre los lectores que, como este blogger, creen que los animales encierran algún misterio que aún no hemos sabido descubrir.

El relato se encuentra publicado en La Nación de hoy, y su lectura será posible luego de clicar el enlace que se deja a continuación:
.

.

El gran sueño del pastor

Mario Bunge

lanacion.com | Opinión | Viernes 28 de mayo de 2010

La causa remota. Texto de Jorge Luis Borges.

Selecciones del perro lector.

.

La causa remota.

.
Jorge Luis Borges publicó en 1935 su Historia Universal de la infamia, una serie de relatos entre los que se había de destacar, por la popularidad que adquirió rápidamente, Hombre de la esquina Rosada. En la edición de 1954 Borges hace notar su sorpresa por la fama de ese cuento, diciendo de él que “ha logrado un éxito singular y un poco misterioso”. Sin embargo, los otros relatos que abren el libro no dejan de ser, hoy, objeto de permanentes lecturas pues en ellos se encuentran ya definidas las habilidades del relator con la lengua que estaba inventando, el idioma argentino. Del primer relato, El atroz redentor Lazarus Morell, elegí su primer apartado, que lleva el título de La causa remota y que es una de las más bellas enumeraciones entre las muchas que escribió en diversos textos de su invención. En la lectura de esa enumeración el lector experimenta la misteriosa sorpresa que surge de la simple unión inesperada de palabras alejadas entre sí, tan típica de Borges. Ese apartado consta de dos párrafos. El segundo es de una sola oración y lo he eliminado porque está nada más que para acompanar al lector al resto del relato.

.


Candombe, C Figari

.

La causa remota.

Jorge Luis Borges.

.
En 1517 el P. Bartolomé de las Casas tuvo mucha lástima por los indios que se extenuaban en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas, y propuso al emperador Carlos V la importación de negros, que se extenuaran en los laboriosos infiernos de las minas antillanas. A esa curiosa variación de un filántropo debemos infinitos hechos: los blues de Handy, el éxito logrado en París por el pintor doctor oriental D. Pedro Figari, la buena prosa cimarrona del también oriental D. Vicente Rossi, el tamaño mitológico de Abraham Lincoln, los quinientos mil muertos de la Guerra de Secesión, los tres mil trescientos millones gastados en pensiones militares, la estatua del imaginario Falucho, la admisión del verbo linchar en la decimotercera edición del Diccionario de la Academia, el impetuoso film Aleluya, la fornida carga a la bayoneta por Soler al frente de sus Pardos y Morenos en El Cerrito, la gracia de la señorita de Tal, el moreno que asesinó Martín Fierro, la deplorable rumba El manisero, el napoleonismo arrestado y encalabozado de Toussaint Louverture, la cruz y la serpiente en Haití, la sangre de las cabras degolladas por el machete del papaloi, la habanera madre del tango, el candombe.
.
Jorge Luis Borges. Fragmento de El atroz redentor Lazarus Morell, de Historia Universal de la Infamia. Edición OC 1974, pg. 295.

o0o
.

Un texto anónimo.

Un raro texto de la “Literatura nacional”.

Allá por 1991, el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos inició la publicación de una colección de libros dedicados exclusivamente al cuento. El cuento, una pasión argentina, es precisamente el título elegido para la serie.

En su primer número, entre relatos breves de Echeverría, Sarmiento, Mansilla, Payró, Barletta, Cortázar y otros grandes autores argentinos, aparece uno anónimo cuya naturaleza literaria es, al menos, atípica.

De ese texto dice el encargado de la selección de los textos de la colección, Ramón Plaza:

“Su inclusión en este libro no tiene que ver con la veracidad del documento, sino son la originalidad cristalina del texto y puede considerarse de autor desconocido o anónimo porque no fue escrito con ninguna finalidad literaria. La grafía respeta estrictamente las actas originales, 8 folios del 15, 25 y 26 de enero de 1909. Puede discutirse la autenticidad de este documento, que bien pudo haber sido escrito como broma por un muy especial escritor. Las actas llegaron a mis manos por gentileza de la musicóloga Y.B.”

Ahí pues, el extraño texto:

.

Comisaría de: Las Flores
Actuacion policial Nros 3 de 1909 Del Señor Comisario Don Marcos Andrade.

Denuncia de Angélica Solores contra Bonifacio estrella, acusándolo de aber abusado de ella y de sus dos hijas.

El día de oy, 15 denero de 1909 se presenta ante mí, Marcos Andrade, Comisario de Policía de Las Flores, una mujer que dijo venía a levantar una denuncia, y que respondiendo a las preguntas que le hizo contestó llamarse Angélica Flores, viuda (no sabe de quién), santiagueña de treintaiocho años deedá quien vive en una casa blanqueada de verde que ay al otro lao de la estasión, en el camino que va pal matadero. Dispues deso “le pasé” la palabra a eya y dijo: que la primera me se casó con Francisco Carreño, de quién tuvo dos hijas, la Micaela, y la Dolores, de 18 y 15 añios deedá cada una deeyas, que eran mui felises pero un día el se fue a trabajar a la cosecha, pero como estuvo cuatro años sin volver palas casas ni dar señales de vida, eya creyéndolo muerto se volvió a casar con el Casimiro Reyes, con quién tuvo otros tres hijos más. Que no sabe porque causa Reyes también la abandono hace ya mucho tiempo, y como no está sigura si dos maridos están muertos o no, es que no sabe de cuál deyos es viuda. Que hace un añio se conoció con el Bonifacio Estrella, foguista de tren, quién quiso casarse denseguida con ella, pero ladisente de miedo que le pasara lo mismo que con los otros maridos no le dio el sí y solo le asetó vivir arrimada con él pero guardandole el rispeto, como si fuera su esposo endeveras, que el Estrella se portó bien al prinsipio, era cariñioso con sus hijas y corría con los gastos de la casa. Pero muy pronto la disente, sedio cuenta que entre él y la Micaela, haiba algo y no está desasertada porque cuando aclaró las cosas resultó que su hija ya estaba gruesa y que el sedutor era su propio marido. Que por supuesto ubo un gran baruyo entre ellos, pero como se habían acostumbrado a vivir todos juntos, arreglaron las cosas, pero como marido de la Micaela, con ella “nihablarse”.

Claro que eya sentía perderse un marido jóven y con empleo como Estrella, pero dispuso de lo que pasara “que iba aser” que la disente le entregó a la pareja su cama matrimonial y eya se fue a dormir en el catre que usaba antes la Micaela, que las cosas siguieron bien un tiempo nomás, porque el cartero Prutorio Gómez al verla libre a la disente empesó cortejarla, pero al enterarse Estrella de esos amores, le proibio Gómez, que se llegara a las casas, alegando que mientras él sostuviera la familia él mandaba. Que la disente reconoce que Estrella tiene rasón en parte, pero que eya también la tiene, porque ya que él la dejó por su hija no puede proibirle a que eya busque la felicidad al lao de otro ombre. Que apesar de sus protestas Estrella se impuso y la disente le izo caso porque comprendía que apesar de sus caprichos el ombre no es malo del todo y le desía que por ay le acía unas caídas pero la disente no aflojó.
Que cuando después de tantas desilusiones pensaba renunciar a los ombres buscando felicidad del nieto que la Micaela esta con filo, risulta que el Estrella se le manda mudar llevándose a la otra a la Dolores, de quinse añios deedá, y de yapa media sonsa, porque si nó no se explica como puede haberseido con un ombre así. Que si la disente estubiera en otras condiciones no pediría nada pero obligada a dar este paso teniendo en cuanta a que dispué de lo ocurrido es muy difícil encontrar otro ombre que se quiera ser cargo de la familia. Que por eso presenta esta denuncia pidiendo a la autoridad que le hagan justicia obligando a Estrella a volver a la casa y que se cace con cualquiera de sus hijas, asi se ciente más obligado a cumplir sus compromisos y que si el no quiere casarse con las muchachas la disente a pesar del resentimiento que le guarda estaría dispuesta a sacrificarse casándose con él nada más que para salbar el honor de la familia. Oído todo lo que ha dicho, di por terminada la denuncia, firmando la disente conmigo y los testigos son Froilan Sombra, mas conocido por el Rengo Sombra, el peluquero Vitorio Avalos, vecinos de esta comisaría y ombres de toda mi confianza. Fdo: Marcos Andrade Angélica Solores Vitorio Avalos Froilan Sombra

Nombrese: Al sargento Feliciano Troncoso para que pida prestados dos cabayos y en cuanto pueda salga atrás de la pareja y la agarre ande aya. Fdo: Marcos Andrade

La Flores, veinte de enero de milnovecientos nueve: Abiendo vuelto el Sargento Troncoso trayendo la pareja que se disparó, resuelvo que se presenten ante mi presencia, para tomarle declaración. Fdo: Marcos Andrade

Un rato mas tarde la ago trair a mi escritorio a la menor Dolores Carreño que estaba detenida por averse mandao a mudar con el marido de la hermana y habiendo prometido que contaría todo lo que hab sucedido, empesé por preguntarle por cuantos años tenía y las demas cosa que se preguntan a las personas que cain presos, contestando yamarse como ya lo dijo al principiar, hija de su madre Angélica Solores, santiagueña tamien, como toda la familia, tiene no mas de quince añios y no sabe escribir cartas ni leerlas y si firmar. El suscrito tiene la obligación de dejar constancia que la muchacha bien desarroyada y que a pesar dela edá que confiesa, ya es mujercita y buena. Prieguntada si sabe preguntada si sabe por que a caido presa contesta: que sabe que la an tomao poraberse fugado con Bonifacio Estrella , preguntada para que cuente todo lo que aiga pasado contesta: que eya lo quiere a Estrella deside que lo conoció y que el le correspondió denseguida pero como ella era algo chica todavía y el tenía compromiso con su madre y su hermana la Micaela, resolvieron esperar; que ase una semana Estrella la a probao como mujer y está muy conforme con ella y que si no la quieren creer que se lo pregunten a Estrella. Preguntada para que diga si está o no arripentida del paso que a dao contesa: que no se arripiente de nada, que Estrella ya ha cumplido con su madre y su ermana y bastante que a debido esperar mientras el las atendia a eyas antes que a la disente y lo justo es que aura se lo dejen a eya siquiera por un tiempo para que el pueda conocerla mejor y dispues diga con quien quiere quedarse. Que su madre ha hecho esta denuncia por despecho y no quiere desir otras cosa piores para que la gente no able. Ante la repentina salida de la muchacha termino con eya firmando los dos con los mismos testigos que usé la primera ves. Fdo: Marcos Andrade Dolores Carreño Vitorio Avalos Froilan Sombra

Dispués lo ago pasar al causado que fue tomado prisionero junto a la mujer que disparó con él y como el ombre me prometiera decir la verdá de todo, emprincipié por preguntarle quien era, contestándome en presencia mía y del Sargento Troncoso que no me deja mentir, yamarse Bonifacio Estrella, Santafesino como de veinticinco añios, casado, bien parecido y buen empleado del Ferrocarril del Sur. A priguntas si se a estao preso y tiene antesedentes contesta: “nunca” Preguntao si sabe por que a caido preso contesta que sabe que loemos agarrao por lo que a echo y se pone a disposición de la autoridad. Preguntao para que cuente como an pasao los cosa, contestando: que lo único que a echo es fugarse con la Dolores porque la quiere y eya lo corresponde. Preguntado si antes vivía con la Micaela Carreño, contestó que es verdá, que ella está por tener un ijo del disente y que la quiere mucho tambien porque la muchacha es buena y no se habria sentido animada a meterlo en este enriedo sino que la madre qui a echo todo el baruyo enojada porque al prinsipio vivía con eya y dispues la dejó. Preguntado si le ha dado palabra de casamiento a alguna de eyas, contestó que no, porque el disente ya es casado con la Rimualda Bustos, pero que si la mujer muere pronto como tiene esperansa, porque la pobre asi viendo questá enferma, entonses talves piensa cumplir con la Dolores, aunque sea, pero con la vieja nunca. Preguntado si su esposa sabía de sus relaciones con las Carreño, contesta: que sabía todo, pero que el disente cumple con sus obligacione y no tiene ningun visio, antes de ande chupando y jugando por los boliches, su mujer permite que tenga esas distracciones ajuera de la casa, pues como es mujer es sensata, comprende que esta eya enferma y siendo el disente ombre sano y joven, tiene que tener tentaciones. Preguntado si no se le a dao de decir alguna cosa contesta: que quiere desir ante al autorida que no se ciente culpable de nada, y que si bien reconoce que a echo vida marital con la Angelica Solores y sus dos hijas, tambien es cierto que sostenía a toda la familia con su trabajo y entonces lo justo es que eyas le pagaran de alguna forma el servicio que el les asía. Como ya se a echo tarde y no tenemos velas en la comisería terminamos con esta declarasión firmando los tres con el sargento Troncoso, porque los testigos que usamos siempre nos pidieron que los dejemos descansar por esta vuelta y les emos dado con el gusto. Fdo: Marcos Andrade Bonifacio Estrella Troncoso Sargento

Las Flores, 25 de enero de 1909
Pareciendo al suscrito que la mujer Dolores Carreño se a disparado por su gusto con su sedutor Bonifacio Estrella y que entre eyos se quieren, resuelbo largarlos al los dos, ya que viviendo juntos no an echo mal a naides pues ay que tener en cuenta que aunque sea casado, su mujer es inferma y no le sierve para nada. Pero para que mi consencia quede tranquila voy a mandarle el sumario al mismo Jefe de Policía del Departamento para que lo rebise y diga si está bien o no lo echo por mi. Fdo: Marcos Andrade

Las Flores, 25 de enero de 1909

Señor Jefe de Policia
Don Liberato Monje
Querido Compadre:

Con el cartero Gomez que va a Mercedes a comprarse ropa y hacerse retratar para antes de casarse te mando la denuncia que a levantao nuestra comisaría doña Angélica Solores, viuda (no sabe de quien) contra Bonifacio Estrella, un buen muchacho de que a sido marido de la denunciante y de sus hijas, la Micaela y la Dolores, para que rebises el sumario y me digas si está bien o mal lo que el suscrito a resolvido por su cuenta.

Como me parece que al tal Estrella le gusta mas la Dolores que es la mejor de las tres, yo los e dejao en libertá a los dos porque me parese que a nosotros que alguna ves fuimo tambien potros no tenemos derecho a estropear la felicidad de naides.

Vos arás la que te paresca, porque para eso sos el jefe, pero mirá, pa mi que la vieja a echo denuncia por despecho nomas, dispue que el mosito la cambió por sus hijas y por eso me parese que si los dejamo en libertá, se an de volver arreglar entre ellos otra ves.

Es sierto que el a sido marido de todas, pero pensá tambien que si el ombre les daba de comer, no es justo que las tres comieran de sus costiyas y de arriba nomas.

Total: que si lo metemo preso a él ellas se van a arreglar con el primer projimo que se arrime a pararles la oya y entonces, ante que anden cambiando de monta, me parese lo mejor dejar las cosas como están, asi eyas siguen viviendo con Estrella no mas y el cuidando la decencia de las casas (Que decis vos)

Escribime. Tu compadre. Fdo: Marcos Andrade

Jefatura de Policia
Departamento de Mercedes
Enero 26 de 1909

Y visto: El sumario instruido por denuncia de Angélca Solores acusando al Bonifacio Estrella de abusar de eya y de sus hijas.

Y considerando: que tanto la denunciante como sus dos hijas son tan mujeres en estado de merecer, las que deben ya saber lo que le conviene y puesto quean vivido muy a gusto con el acusado mientras él les daba de comer, y solo se quejan aora cuando cansado de sostener la familia las abandona para quedarse con una sola, lo que me parece muy bien echo, puesto que según se mire el abuso es mas de eyas que del él.

Resuelvo: Aprobar lo procedimiento del comisario de Flores Don Marcos Andrade y disponer el archivo de estas atuaciones. A ruego del Señor Jefe de Policía Don Liberto Monje por no saber hacerlo, firmado Emilio Danilio Secretario y Comisario de Ordenes .
.
.

o0o

El color del cristal con que se mira.

Selecciones del Reader dog: Un texto de Martín Caparrós.

.

Con el título Veo Veo, Martín Caparrós publicó hoy su columna en Crtítica de la Argentina varios textos enlazados, que tienen todos ellos en común la mirada del observador que va, precisamente, a observar. La mirada del enviado especial, la mirada del viajero. De los párrafos, seleccioné éste, que es, en mi modesto juicio, una perla:

.

Veo Veo (fragmento)

Martín Caparrós, en Crítica de la Argentina

Mirar es un error. Cuando subí, en México, al avión que me trajo a Nueva York, vi a una mujer muy bella de cincuenta y tantos, con ese estilo escandinavo de cara rubia dibujada fina, todo tan perfecto. Y con ella un fulano bastante arruinado: un sesentón con profusión de arrugas, que debió haber sido un tipo atractivo pero se veía que la vida le había pegado duro. Yo le miraba los jeans negros gastados, las bolsas en los ojos y me preguntaba, entre otras cosas, qué hacía ella para seguir con él, para ser fiel a lo que él había sido en algún antes, cuando se conocieron, cuando podían creer en aquellas ilusiones. Lo pensé, lo olvidé, me concentré en mi libro de Fuentes. Después, ya parados esperando que se abriera la puerta del avión, me fascinó mirar cómo el fulano se metía una birome en la oreja, la revolvía, la sacaba, la estudiaba con placer de connaisseur, se la ponía en la boca, la chupaba. Más degradación, pensé: el fulano está al horno. Pero fue justo entonces –¿cuando lo vi chupando cera en la birome?– que me di cuenta de por qué me sonaba su cara: era Paul Auster. Y la escena, de pronto, pasó a ser tan distinta: esa mujer era su esposa Siri, escritora correcta que prospera a la sombra del escritor famoso; la birome en su oreja una anécdota simpática, graciosa; los surcos en la cara las marcas de una vida bien contada. No es que viera otras cosas; fue que, de pronto, la historia que veía se hizo otra.
.
Martín Caparrós.

-
La columna completa aquí: Crítica de la Argentina Veo Veo.
.

o0o

El abanico de seda. (Fragmento). Texto de Lisa Lee.

El abanico de seda.

(Fragmento). Novela de Lisa Lee.

.

El dolor no se atenuaba. ¿Cómo iba a atenuarse? En cualquier caso, aprendimos la lección más importante para toda mujer: debíamos obedecer por nuestro bien. Ya en aquellas primeras semanas empezó a formarse una imagen de lo que seríamos las tres cuando alcanzáramos la edad adulta. Luna Hermosa sería estoica y hermosa en cualquier circunstancia. Hermana Tercera sería una esposa quejica, amargada por la suerte que le había tocado, y no sabría agradecer los dones recibidos. En cuanto a mí, que se suponía que sería especial, aceptaba mi destino sin rechistar.

Un día, mientras daba una vuelta por la habitación, oí un crujido. Se me había roto un dedo del pie.Pensé que el sonido era algo interno de mi cuerpo, pero fue tan fuerte que lo oyeron todas las que estaban allí. Mi madre me clavó la mirada.

-¡Muévete –dijo-. ¡Por fin adelantamos algo!

Seguí caminando, pese a que me dolía todo el cuerpo. Al anochecer ya se me habían roto los ocho dedos que tenían que romperse, pero seguían obligándome a andar. Notaba los dedos quebrados con cada paso que daba, porque bailaban dentro de los zapatos. El espacio recién creado donde antes había habido una articulación se había convertido en un gelatinoso infinito de tortura. El frío del invierno no había empezado a anestesiar las atroces sensaciones que atenazaban mi cuerpo. Aun así mi madre no estaba satisfecha con mi docilidad. Aquella noche mandó a Hermano Mayor traer un junco cortado de la orilla del río. Durante los dos días siguientes me golpeó con él en la parte posterior de las piernas para que no parara. El día que me cambiaron las vendas, sumergí los pies en el agua como de costumbre, pero esta vez el masaje para dar forma a los huesos fue más espantoso que nunca. Mi madre tiró de mis dedos rotos y los dobló hasta pegarlos por completo a la planta de los pies. En ningún otro momento percibí tan claramente el amor de mi madre.

-Una verdadera dama debe eliminar la fealdad de su vida –repetía una y otra vez para inculcármelo bien-. La belleza sólo se consigue a través del dolor. La paz sólo se encuentra a través del sufrimiento.
.

Fragmento de “El abanico de seda”, novela de Lisa See. Ed. Salamandra, 2006

.

La novela de Lisa See compone una historia que transcurre en la China rural y profunda del siglo XIX.

El texto reproducido aquí refiere al proceso de vendado de los pies, una tradición que se practicaba a las niñas entre los cinco y siete años en la antigua China. Los pies deformados en la mujer formaba parte del imaginario erótico masculino. La práctica fue abolida, como se sabe, recién en el siglo XX.

Yo no he leído la novela. Simplemente, leí ese fragmento en una publicación en la que se hacen reseña de libros. Su lectura me causó una honda impresión, cómo no. El texto está magistralmente escrito y relata, desde la intimidad del cuarto donde las niñas y su madre pasan sus días, una práctica cruel y sin embargo amorosa.

Tras leer ese fragmento quedé con la sensación de que, más allá de la novela en sí misma (que no conozco, repito), hay allí un relato cerrado, completo que, al tener como remate esa retahila de sentencias duras: una verdadera dama debe eliminar la fealdad de su vida; la belleza sólo se consigue a través del dolor; la paz sólo se encuentra a través del sufrmimiento, la convierten en un texto acabado, cerrado. Un relato breve. Un relato breve y magistral. Un bello relato.

Y aún más allá de la forma, la cual me da argumentos para reproducirlo nada más que como bello texto, hay en el contenido mismo del relato un juicio, una sentencia de que, de alguna manera, a pesar de las aboliciones, a pesar de las condenas sociales a las prácticas brutales que históricamente ha padecido la mujer; a pesar de todo ello, de alguna manera vaga pero cierta, esa suerte de condena de dolor como precio por la belleza persiste. Bajo otras formas, quizás no tan crueles, pero persiste.

Bello texto..

Anticipo de un libro. “Los culpables”, de Juan Villoro. Cuento.

Un texto ejemplar. De “Los Culpables”, de Juan Villorio, en anticipo en AdnCultura.
.
No son muchas las oportunidades que tenemos los lectores de tener a la mano un texto de autor cuando el libro que lo contiene tiene olor a tinta fresca.

Esta semana, gracias a los buenos oficios de La Nación y AdnCultura, los lectores podemos leer un cuento de Juan Villoro, que forma parte de un libro –Los culpables- que acaba de publicar Interzona y que quienes lo adquieran tendrán oportunidad de conocer a su autor en la Feria del Libro que abrirá sus puertas en pocos días más.

He leído este cuento dos veces esta mañana. Es impresionante. Mis amigos tendrán oportunidad de acceder a él, en su formato papel, en la página 4 de AdnCultura de hoy, y en formato digital, en el enlace que, al pie de esta entrada, los llevará a AdnCultura.
Dice el director de AdnCultura, Jorge Fernández Díaz, en su nota editorial de hoy en la revista, refiriéndose a este relato, que se trata de un cuento ejemplar y el calificativo es justo. Ejemplar. Cualquiera que desee abordar el difícil arte de escribir cuentos, debe leerlo.

Dice Fernández Díaz de Juan Villoro:

Dueño de una economía narrativa estimulante, se las arregla extrañamente para ir muy rápido, para armar el esqueleto de un cuento con pocos pincelazos y a la vez para decirlo todo sin necesidad de decirlo.
Fuente

Nada más exacto. Tal cual. Invito a mis amigos y lectores a disfrutar de este relato de un escritor mexicano que sobresale hoy en las letras de nuestra lengua.

Si yo tuviese que comprometer públicamente un juicio sobre este relato, diría sin pestañear: es uno de los diez mejores cuentos que leí en toda mi vida. Tiene este cuento (mexicano hasta el caracú) –para mi modesta opinión- esa fuerza brutal que tienen, por ejemplo, Pecado de Omisión de Matute, o La madre de Ernesto, de Castillo. Cuentos que, después de leerlos “sos otro”.

En una entrevista al autor (que el lector encontrará al pie de la página enlazada), éste cita a un periodista serbio que le dice: “La principal diferencia entre Milosevic y yo es que él se cree inocente de lo que hizo y yo me siento culpable de lo que no he hecho”. Toda una clave.
.
Disfrutalo: Y gracias a La Nación por permitirnos ese lujo.
.

Anticipo
Todo empieza una calurosa tarde en las afueras de Sacramento, cuando un dudoso aprendiz de guionista regresa a la casa de su hermano. A partir de entonces, la frontera entre México y Estados Unidos, el mundo de la inmigración ilegal y las secretas pasiones compartidas de ambos formarán una carambola de silencios a punto de explotar. Este cuento magistral, que adelantamos, da título al libro de relatos que Interzona distribuye por estos días en la Argentina Ilustración Luis Scafati
LANACION.com | ADN Cultura | Sábado 15 de marzo de 2008


.

o0o

La vidala. Un texto de Joaquín V. González.

Selecciones del Reader Dog.

.

La prosa de Joaquín V González podrá parecer hoy, como la prosa de Bécquer, empalagosa y recargada. Es posible. Pero su lectura sigue siendo recomendable. Como en el caso de Bécquer para los españoles, es esencial para nosotros los argentinos la lectura de escritores como González.

Abundan los adjetivos, es verdad. Hay énfasis tras énfasis en largas oraciones. Pero es esencialmente bella. Es, sin duda alguna, prosa poética, poesía en prosa. Es fácil comprobarlo: hágase su lectura en voz alta y la tendencia natural será, para quien se animare a ese ejercicio, a recitar, a declamar, a cantar las palabras como la letra de una canción, o de una larga poesía. Tiene una cadencia musical.

Pude haber elegido otros capítulos de este libro esencial de la argentinidad. Pero me quedé con éste por razones personales. He tenido la inmensa fortuna de escuchar esas vidalas en su ambiente original y por voces de indígenas o criollos campesinos; y he tenido, también, la inmensa fortuna de tener ante mis ojos la imponente mole del Velazco (cerro que González mencionará una y otra vez en su libro) como primera imagen del día al despertar, durante muchos días, años ha. La dulzura del hombre riojano al hablar (ya lo he expresado en este blog en ocasión de publicar los textos de otro riojano, Vargas) está en correspondencia perfecta con la cadencia de estas palabras de Joaquín V. González.

Más al norte, en Jujuy, en la Quebrada, tuve ocasión de escuchar, también, a viejas copleras indígenas. La esencia que encierra es la misma que la vidala que se menciona aquí, pero su forma es, aunque en estrecho parentesco, muy diversa. En las copleras de la Puna prima el ritmo de la caja; en las vidalas prima el canto, la nota melodiosa. Si la copla es un canto gritado, la vidala es un grito cantado; un grito lastimero, desgarrador. Y los latidos del parche son, en la vidala, de alguna manera vaga son, los latidos del corazón. No en vano González la compara (en cuanto a efectos sobre los sentimientos) al yarabíde la Puna o al tristede la pampa. La quena tiene aquélla; la guitarra el triste, las vidalitas; la vidala sólo la caja, y las voces.

Existen diferencias técnicas pero a la vez esenciales entre la vidala que se canta en el NOA y la vidalita de las pampas. Hay quienes vinculan a éstas últimas con músicas regionales de España. Yo tango para mí la sensación que esta ultima teoría es verdadera. En lo que se refiere al triste, ya es certeza para mí: es música de regiones de España, transplantadas a nuestras llanuras pampeanas. Pero la vidala aún pertencece a esa herencia incaica. Sobre todo aquellas vidalas que se cantan a dos voces y acompañadas sólo por la caja.

Joaquin V. González, quien sin duda alguna conoció ambos estilos, los confunde a juzgar por el título del capítulo. Pero no quedan dudas que lo que describe, y para la región que lo describe, es la vidala.

De las vidalas cultas, sobresale sin duda Vidala para mi sombra, del salteño Julio Espinoza. Al final de esta entrada está su letra. En Youtube está la interpretación de esta vidala por un conjunto compuesto por latinoamericanos radicados en Francia. Yo no he encontrado ninguna música para ilustrar lo que González ha querido transmitir en estas páginas.

.

La vidalita montañesa.

Joaquín V. González.

.

He dicho alguna vez que las músicas de los montañeses tienen una tristeza profunda; sus cantos son quejas lastimeras de amores desgraciados, de deseos no satisfechos, de anhelos indefinidos que se traducen en endechas tan sentidas como primitiva es su expresión. Las noches se pueblan de esos cantares oídos a largas distancias, acompañados por el tamborcito que sostienen con la mano izquierda, mientras con la derecha golpean el parche, arrancándole ecos como…

Puentes como liebres. Un cuento de Mario Benedetti.

.

Selecciones del Reader Dog.

.

En la edición de Geografías, un libro esencial de Mario Benedetti, cada uno de los relatos está precedido por una poesía. En mi humilde opinión, tales expresiones -que forman una unidad- deben ser presentadas como las imaginó el autor. He aquí, pues, La buena tiniebla / Puentes como liebres, tal como está en el libro que tengo a la vista, Editorial Nueva Imagen. Buenos Aires, Segunda edición, 1984, imp. 1987, pgs. 191 y ss.

.

La buena tiniebla.

.

Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera un resplandor que da confianza
de modo que si sobreviene
un apagón o un desconsuelo
es conveniente y hasta imprescindible
tener a mano una mujer desnuda.

Entonces las paredes se acuarelan
el cielo raso se convierte en cielo
las telarañas vibran en su ángulo
los almanaques dominguean
y los ojos felices y felinos
miran y no se cansan de mirar.

Una mujer desnuda y en lo oscuro
una mujer querida o a querer
exorciza por una vez la muerte.

.

Mario Benedetti.

.

.

Puentes como liebres.

Mario Benedetti

.

iremos, yo, tus ojos y yo, mientras descansas,
bajo los tersos párpados vacíos
a cazar puentes, puentes como liebres,
por los campos del tiempo que vivimos.

Pedro Salinas.

.

.

1
.

.

Había oído mencionar su nombre, pero la primera vez que la vi fue un rato antes de subir al vapor de la carrera. Mis viejos y mis hermanas habían venido a despedirme y estaban algo conmovidos, no porque viajara a Buenos Aires a pasar una semana con mis primos sino porque a mis dieciséis años nunca había ido solo «al extranjero».

Ella también estaba en la dársena pero en otro grupo, creo que

El payador, de Leopoldo Lugones. (fragmento).

Leopoldo Lugones. Una prosa que no podemos soslayar. Algunos párrafos de “El Payador.”

.

.

Hoy nos resulta sencillo refutar a Lugones. Es decir, refutar sus argumentaciones expuestas en sus ensayos en los que expuso alguna idea de peso. A setenta y tantos años de aquél infausto 6 de setiembre de 1930, cualquiera que posea un conocimiento aunque más no sea elemental de nuestra historia -la política y la de la literatura- puede hacerlo sin mucho esfuerzo. Sin embargo, Lugones es Lugones y su lugar sobresaliente en la historia de nuestras letras está justificado. Su canonización es justa.

Les guste o no a muchos, junto con el Facundo de Sarmiento, El Payador es uno de nuestros libros fundacionales, no solo para nuestra literatura, sino aun en cuanto nación. Hay en ese ensayo mucho más de poética que de sociología o antropología. Pero a pesar de eso no puede ser pasado por alto por todo aquel que pretenda meterse en la evolución del pensamiento político argentino. Y mucho menos, claro, por todo aquel que pretenda conocer nuestra literatura.

De la prosa de Lugones, mucho conocemos. Están sus cuentos fantásticos; está su Guerra Gaucha. Y está El Payador.

De El Payador, cuya lectura es -repito- ineludible a pesar de las reacciones viscerales que la lectura de muchas de sus páginas provocará en el lector moderno, pueden ser rescatados muchos textos de una prosa exquisita. A veces algo barroca, es cierto, pero, repito también, ha transcurrido un siglo ya de la publicación de sus obras y hasta la aparición de Borges (el hijo que habría de cometer el parricidio freudiano en contra del pope de la literatura), se escribía de ese modo.

Seleccioné dos pequeños párrafos del capítulo III, A campo y cielo… Hay en el primero de ellos, en pocas líneas, un relato en sí mismo. Un relato breve que pinta muchas cosas. Pero también, entre ellas, la razón última de que Lugones ocupe el lugar que ocupa en el historia de nuestras letras.

.

Cierto día, al obscurecer, el traspatio de la casa solariega, frecuentemente prolongado en quinta, animábase con un tropel de caballo. El perro guardián ladraba con gozo en la punta de su cadena. Sonaba luego, marcialmente remachado por la espuela, un paso varonil. Era el padre que volvía a los dos o tres meses de ausencia en el desierto, curtido como un pirata bajo su barba montaraz. Sólo en la frente que el sombrero protegió, parecía sonreír un resto de su noble blancura. Dijérase que el bronce del trabajo abollábase en aquellas manos cuya rudeza enternecía a la esposa. En el tufo de su cansancio, flotaba todavía una exhalación de barbarie.

Narraba con parsimonia las escenas del desierto, más de una vez tintas en sangre. Todo el barrio enviábale mensajes de bienvenida. En la correspondencia que iba recorriendo, pasaban respetables membretes de Londres, citaciones del senado, alguna esquela confidencial del presidente de la República; pues tales hombres, caudillos de gauchos en la pampa, eran a la vez los estadistas del gobierno y los caballeros del estrado. Así Mitre fue en su juventud domador de potros; Sarmiento, peón de mina. Maestros, en las artes gauchas, éranles corrientes al mismo tiempo el inglés del Federalista y el francés de Lamartine. En sus cabeceras solían hallarse bien hojeadas las Geórgicas. El italiano resultábales habitual con la ópera que costeaban a peso de oro. Las dificultades casi desesperantes de aquellos rudos años, no les impidieron codificar con sabiduría el derecho, organizar la hacienda, escribir la historia al mismo tiempo que la hacían. Aquese, era bachiller de Córdoba y compadre de cacique; estotro, canónigo eminente por su elocuencia y su saber, había sido capitán de granaderos a caballo. Frecuentemente cantaban en la guitarra sus propios versos. Mi suegro, hombre de duros lances con la montonera, solía llevar en el bolsillo de su pellón un diccionario de la rima…
……
No había sino una cosa más exquisita que aquellos caballeros, y lo eran sus señoras: damas de palabra fina y espíritu vivaz, fieles como la espada, fuertes en la claridad de su decoro como el diamante ante la luz: vida y amor transubstanciados en la misma abnegación, como la recina y el fuego en el aroma del incienso encendido. Su maternidad valerosa tenía por único límite una vejez fresca como la espuma; y así parecían florecer de otro modo, dijérase que aterciopeladas en la suavidad de sus ojos benévolos. ¡Y hermosas, vive Dios!… La gracia americana perfeccionábase en aquel jardín de azucenas rubias y de rosas morenas. Así compuesta de elegancia y de esplendor, todavía realizábase con una languidez de luna en la nobleza del jazmín, y con una pulgarada de sol en la pimienta del clavel.

Leopoldo Lugones, El Payador. Huemul, Buenos Aires, 1972, pg. 72.

.

Toda una prosa. Claro que, párrafos más adelante, después de pintar al “caballero” y a sus damas, describe la realidad de una vida cerril, aun -y aún- feudal.

…Cerca de los corrales, muchachos soñolientos encendían perezosos fuegos de boñigas y huesos para calentar las marcas. Un gallo aplaudía desde la ramada la cercana aurora. Dos o tres peones ensillaban caballos. Cerca del suyo, enjaezado ya, el patrón tomaba un mate que acababa de traerle, sumisa, la hija del capataz con la cual había dormido.

ob. citada, pg. 79

.

En resumidas cuentas, lo dicho: imposible pasar por alto una obra como ésta. Sobre todo para quienes pretenden entender a las letras argentinas. El perro que ladra con gozo desde la punta de su cadena, sonreír el resto de su noble blancura, el bronce del trabajo abollábase en aquellas manos, mujeres fieles como la espada, vejez fresca como la espuma, pulgarada de sol, pimienta del clavel, un gallo que aplaude la aurora. En fin. ¡Qué más decir!

Tal vez resulte oportuno cerrar esta entrada con unas líneas de Borges:

.

Si no me engaño, usted no me malquería, Lugones, y le hubiera gustado que le gustara algún trabajo mío. Ello no ocurrió nunca, pero esta vez usted vuelve las páginas y lee con aprobación algún verso, acaso porque en él ha reconocido su propia voz, acaso porque la práctica deficiente le importa menos que la sana teoría.

En este punto se deshace mi sueño, como el agua en el agua. La vasta biblioteca que me rodea está en la calle México, no en la calle Rodríguez Peña y usted, Lugones, se mató a principios del treinta y ocho. Mi vanidad y mi nostalgia han armado una escena imposible. Así será (me digo) pero mañana yo también habré muerto y se confundirán nuestros tiempos y la cronología se perderá en un orbe de símbolos y de algún modo será justo afirmar que yo le he traído este libro y usted lo ha aceptado.

Jorge Luis Borges, en agosto de 1960, en Prólogo a El Hacedor.

.

.

Au revoir

.

oOo

Amor. Un texto de Raúl Brasca.

.

Amor.
por Raúl Brasca

.

I

A ella le gusta el amor. A mi no. A mí me gusta ella, incluído, claro está, su gusto por el amor. Yo no le doy amor. Le doy pasión envuelta en palabras, muchas palabras. Ella se engaña, cree que es amor y le gusta; ama al impostor que hay en mí. Yo no la amo y no me engaño con apariencias, no la amo a ella. Lo nuestro es algo muy corriente: dos que perseveran juntos por obra de un sentimiento equívoco y otro equivocado. Somos felices.

.
II

.

Pretende que yo estoy enamorada del amor y que a él sólo le interesa el sexo. Dejo que lo crea. Cuando su cuerpo me estremece, lo atribuye a sus muchas palabras. Cuando mi cuerpo lo estremece, lo atribuye a su propio ardor.
Pero me ama. Y no lo saco de su engaño porque lo amo. Sé muy bien que seremos felices lo que dure su fe en que no nos amamos.

Raúl Brasca.

.

Publicó los libros de cuentos Las aguas madres (1994) y Últimos juegos (2005). Ensayista y antólogo, preparó diversas compilaciones de fición breve y fue uno de los organizadores del Primer Encuentro Nacional de Microficción. Estos textos son de su nuevo libro Todo tiempo futuro fue peor (Mondadori 2007)
La nota biográfica y los textos fueron tomados de la edición 172. de Ñ, 13 enero de 2007, pg. 43.