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Porteño, sexi y barrigón.

Clarín abrió su página Clarín Blog.

Clarín puso en órbita otro satélite para su poderoso planeta mediático. Esta vez, un servicio de blogs para que todo aquél que se anime abra uno. Como no podía ser de otra manera, los nuevos blogs de Clarín Blogs salen como en una de esas máquinas de las industrias a gran escala: uno tras otro.

Los editores funcionan al pelo, son de uso muy fácil, hay una media docena de formatos (themes) para elegir; los videos se suben de manera sencilla; lo propio para las imágenes. Todo muy lindo. Por supuesto, como no podía ser de otro modo, acepté la orferta y abrí uno. Porteño, sexi y barrigón. Pienso divertirme un poco con los temas de mi ciudad y mi país, aunque no le haré asco a ningún tema si se presenta la ocasión.

No soy lo que se dice un entusiasta de los blogs gratuitos. En ellos, no estás de okupa, pero estás en una casa que te prestaron y, como tal, en cualquier momento te dan una patada en el culo y andá a cantarle a Gardel. A mí ya me pasó. Claro que no se trataba, ni de Blogger, ni de Wordpress, ni siquiera de un sitio como Clarín. Era una empresa menor. Pero un día dijeron “hasta aquí llegó mi amor, andate”. Alguien dirá: bueno, ¿por qué no lo abriste en Blogger, o en Wordpress? Te contesto: Wordpress no te deja poner publicidad; Blogger tiene características de manejo demasiado rígidas para mi gusto.

Pero el tema central es el de la publicidad. Ponerse a escribir y publicar en Internet puede ser divertido. “Mirá, Cacho: tengo un sitio en Internet donde publico mis versos”, pongamos por caso si el amigo de Cacho es, como yo, un fulano con pretensión de poeta. Es divertido. Hasta te leen.

Pero cuando pasa el tiempo uno se encuentra ante una situación difícil de manejar. Lo que nació como una diversión se convierte en una carga. Pasa un año y resulta que vos tenés una veintena de lectores consecuentes. Que te visitan en forma regular, te leen en forma regular, y te comentan lo que leen en forma regular. ¿Vos podés, de un día para otro, decir por ejemplo “me aburrí, chau.”? Yo no podría. No sé, será por viejo; porque me enseñaron de otra manera, no sé; pero no podría.

Entonces le das al teclado. Escribís, buscás las mejores imágenes, los mejores videos; en fin tratás de hacer algo que a largo plazo resultás para un puñado de personas algo así como un magazine semanal. Que no está mal. A mí al menos me colma de placer. Ya conté en otra oportunidad y repito ahora, las palabras cariñosas que me hizo llegar la nieta de Vargas, el escritor riojano, por el mero hecho de mantener vigente el nombre de su abuelo, cuentista dueño de una poética muy particular. O aquél grupo de chicos que -en el otro blog- me utilizaban como apoyo para cumplir con sus tareas en las clases de Literatura. Y las decenas y decenas de cartas personales, algunas de ellas tan hondas en su humanidad que me conmovieron al recibirlas. Y decenas y decenas de cartas de admiración (algo que tuve que aprender a aceptar muy a mi pesar), o simplemente apoyo.

¿Quién podría –repito- eliminar de la red, de un plumazo, logros tales? Como ya dije: yo no. Entonces sigo. Había alcanzado las veintiocho mil visitas en el blog desaparecido, en el término de un año. Éste blog que estás leyendo está, a la fecha de publicar ésta, en las veinticuatro mil en un plazo mucho menor (apenas algunos meses). No sólo no me quejo sino que lo considero un éxito. Y sigo. Pero sigo en mi casa, con un hosting que me pago y siendo dueño de mis backups. La benemérita propiedad privada.

No es un costo extraordinario para páginas con un movimiento como el de este blog. Pero es. Hay que pagarlo. Así que la publicidad que contiene el blog, o mis otras páginas, tienen ese propósito: recaudar, centavo a centavo, para pagar el hosting.

Para los bloggers en lengua española no nos esperan las grandes fortunas por ingresos por publicidad. Sí a los de la lengua inglesa. Las razones son obvias: la publicidad se mide por clicks y por cada click que recibe Cervantes, su compadre Shakespeare recibe diez mil. Cosas del mercado. Además, en nuestros países no existe la cultura de comprar a través de la red. Al menos por ahora. Así que la publicidad, en términos monetarios, alcanza nada más que para el hosting y para los cigarrillos. Y no está mal. Es un pago. A lo que los bloggers publicamos en los blogs, y que es de nuestra creación, se lo llama contenidos. Y la pregunta cuya respuesta nadie duda es: ¿Por qué proporcionar contenidos gratis?

Si no podés poner publicidad en un blog, las mejores plumas, los mejores contenidos, migrarán hacia otros hosting. Es así de simple. Otra vez el mercado.

Así que el futuro de los blogs en Clarín Blogs es incierto. Un gran éxito de lanzamiento, sin duda, pero habrá que ver cómo evoluciona. Por ahora el trueque es: yo te doy contenidos (y mi enlace), vos posicioname en los buscadores. No es un mal trato. Eso sí, en cuanto me enchufen publicidad que cobrará el señor Clarín, ¡hasta la vista, baby! Mientras tanto, me divierto. Pero mi casa es ésta, Theodoro y el perro filósofo. Tengo la escritura, firmada ante escribano público.

Au revoir.


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One Response to “Porteño, sexi y barrigón.”

  1. jaker2 |

    La publicidad en argentina anda con lo puesto
    nosotros andamos con lo puesto
    el pais anda con lo puesto
    nadie se escapa de la realidad
    Aquella empresa que dispone de un dinero
    no coloca su producto en un mercado que cada dia
    es mas reducido
    los blogers o como se llamen , no seran la excepcion
    Argentina hoy , lamentablemente lo es para ustedes tambien
    cuando la economia anda con dos alpargatas del mismo pie..
    y la credibilidad ya es historia
    a todos nos toca beber un poco del mismo veneno
    no les gusto..?
    que lastima
    jaker2

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