Entre pajas y buen gusto.
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A pesar de que he pagado mis cuatro pesos con cincuenta por el diario con la revista, lo que me da derecho a reproducir el relato aquí, en mi página, si quisiera, no lo voy a hacer. Ese texto no da la talla para mi blog de relatos eróticos, que es el sitio en el cual podría tener lugar.
Así que este comentario estará hecho sobre un texto que muy pocas personas han leído hasta hoy. Algo así como gastar pólvora en chimangos. De todos modos, el comentario va porque me interesa el tema de fondo del texto publicado hoy en C.
El relato de Carolina Balducci podría resumirse en estas dos o tres pinceladas: La narradora describe a Silvia, una compañera de oficina, quien logra la atención de sus otras compañeras con sus relatos de soberbias jornadas de sexo que protagoniza. Quien narra, lo hace de una manera inequívoca: el lector habrá de alzarse con la idea de que Silvia miente, fabula. Que es –si se me permite la licencia de decirlo con las palabras que utilizaríamos los hombres para situaciones similares pero dadas entre los de nuestro género-; que Silvia es una de ésas que “cogen con la lengua.” La narradora se jacta de no caer en la trampa, como sus demás compañeras; sabe que Silvia fabula, pero se lamenta de no poder desenmascararla.
“No pude desenmascararla. Pero el resto de la tarde, ya con las pasiones aquietadas, sentí lástima por Silvia y por todas esas mujeres que contaminan sus fantasías con elementos tan improbables.”
Los elementos improbables que alude son los que Silvia manifestó en su propio relato de la experiencia de cama: cuatro orgasmos para ella; tres para el amante.
Sí, en efecto, es improbable. O, mejor expresado, poco probable. O, mejor aún, correctamente expresado, tratándose de un relato, es inverosímil. Pero ella, la narradora, es la única “viva” que se percata de ello; lamenta no poder desenmascararla, y siente “lástima” por las demás compañeras de oficina que sí le creen.
Por eso, ayer, mientras veía a las chicas en sus cubículos mirar escenas de amor en YouTube y pasarse la birome por el escote con los ojos cerrados, pensé que yo prefería atesorar fantasías más cercanas al mundo real… Cuando se trata de calentarse no hay nada más efectivo que los recuerdos verdaderos.
Intuyo para Carolina Balducci un futuro exitoso en las letras. Veo ahí una versión larvada de un Paulo Cohelo femenino: alguien que, con un manejo eficaz de la escritura y pocos escrùpulos, se pone a pontificar. A dar sermones. Y para eso, ya se sabe, hay mercado. Abundan las personas a quienes les encanta ser sopapeadas por cualquiera que tenga sello de popular, o sea, fama mediática.
Pero más allá de esto, que no es otra cosa que una idea intuitiva sin fundamento alguno y, que si llega el día en que tal intuición se corresponda con la realidad o no, yo no estaré para verlo, o si aun estoy me habré olvidado de este relato y de esta autora; más alla de eso, quería meterme en la cuestión de fondo.
Vamos a ver.
Calentarse -como dice ella, o sea, excitarse sexualmente- con los recuerdos verdaderos me parece un poco soso.
En primer lugar habría que establecer con certeza qué quiso decir la autora con eso de “recuerdos verdaderos”.
Voy a eliminar desde el vamos lo obvio, que es la tautología. Si es recuerdo es verdadero. Uno debe presuponer, en una conversación entre cuerdos, que un recuerdo referido debe dar cuenta de algo sucedido en verdad. Así que esto lo dejo de lado, porque en este caso la expresión refiere al relato de algo del pasado, algo que Silvia, el personaje del relato, cumple. Así que la expresión “recuerdo verdadero” no querría significar eso de dar cuenta de algo que realmente sucedió, sino de algo pasado, que puede ser fiel a lo sucedido, levemente modificado, groseramente modificado, o decididament inventado, pero verosímil.
La primera elección me parece francamente inoperante. Tomemos el mejor polvo de nuestra vida y recordemoslo para excitarnos. Puede dar resultado, pero a la larga aburre. Para excitarse sexualmente se requieren estímulos permanentes, variados, nuevos, sorpresivos, innovadores.
Imaginemos a esas mujeres que contemplan escenas de amor en YouTube, pasándose la birome por el escote (la metáfora es muy buena, dicho sea de paso). Imaginemos también que una de ellas haya tenido la noche anterior su polvo diario, semanal, quincenal, mensual, bimensual, trimestral, semestral o anual. E imaginemos también que ha sido satisfactorio. Excitarse con el recuerdo de esa jornada caliente, ¿es recordar o es regustar las reverberaciones temporales del placer reciente?
Imaginemos otra de esas mismas compañeras de Silvia que hubiesen experimentado esa jornada no la noche anterior, sino en momentos tan distantes a esa mañana de oficina que su regusto resulte impracticable. ¿Les resultará excitante recordar ese útlima jornada de placer tal como ésta acaeció? ¿O les resultará mucho más excitante “recordar” la versión ampliada, editada, mejorada, de ese momento de placer? Y si así fuera, ¿cuál es el límite de esa “edición” de las representaciones en las que transitan los recuerdos?
A mí se me hace que el mecanismo más efectivo es el de permitirle a la imaginación que se regodee con las fantasías más puras, las poco o las muy distantes de la realidad “verdadera”.
Tal vez quiso referirse Carolina Balducci a la veroimilitud del relato de Silvia, y hacernos saber que a la narradora no la calientan las historias que carecen de verosimilitud. Acepto que algo así se dé en algunas personas. Pero también acepto la idea de que la excitación de las compañeras de Silvia no requieren del certificado de “verdaderas” para las bazas que relata Silvia. A las compañeras que la escuchan les basta con la situación que Silvia provoca. Silvia no es envidiada; tal vez otras compañeras, además de la narradora, no le crean; Silvia es sólo el disparador de sus fantasías, que necesitarán el complemento, en esa jornada pública como es una oficina, del paseo fugaz en horas de trabajo por los videos de YouTube, y de la sutil caricia del culo de la birome sobre sus escotes. Y de mil cosas más, cercanas o no tan cercanas a los “recuerdos verdaderos”. Así es la libido, gracias a Dios.
La pretensión de ser uno el disparador de tales sueños es un ejercicio difícil, pero gratificante. Es lo que intenté hacer alguna vez en mi blog donde publicaba mis relatos eróticos. No sé si lo hacía bien, regular o mal. Pero lo hacía con un gran cariño para con los que me leen. Y, sobre todo, con un enorme respeto, y un cuidado cuidado estético. (Edición de 2010: Ahora ya no lo hago más porque el género me pudrió y el blog erótico lo cerré)
Y es precisamente en lo estético es cuando el relato de Carolina Balducci desbarranca. Para muestra basta un botón:
Ésa es Silvia, y entenderán por qué no me creo esa historia que nos contó ayer a las chicas mientras comíamos; por cierto, quiero decir que no estoy para nada de acuerdo con esa práctica extendida entre mis hermanas de género de hablar de sexo mientras una come. ¿A cuento de qué? ¿Acaso quien habla de recetas mientras tiene sexo? Lo que es a mí, me resulta imposible mezclar las dos situaciones, tanto en una como en la otra suelo tener la boca muy llena…
De pésimo gusto, por cierto.
La transgresión está de moda, está bien. Pero, el buen gusto, ¿murió? Sí así fuera, sentiría lástima por mí mismo, ya que si sintiera lástima de mis semejantes me sentiría como un miserable engreído.
Au revoir
Alfredo Arri (Theodoro)
Todas las citas son de: Carolina Balducci, Recuerdos verdaderos, en C, la revista de Crítica de la Argentina, edición de hoy, 9 de marzo de 2008, pg. 66.
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sos un blando igual que la autora del cuento pedorro que como un salame comentas para sentirte mejor en relacion a vos.me parece patetico, sos un triste solitario.
la pedanteria es ahun peor que el mal gusto.
Gracias, Pablo, por visitar el blog y dejar tus comentarios en él.
La verdad es que a veces me río mucho con la columna de Carolina, comparta o no sus ideas. Creo que escribe bien, tiene vuelo y comicidad, no noto un tono grandilocuente o aleccionador en sus escritos, más bien - como el título de la columna lo indica ( mi vida y yo) - Balducci habla de lo que piensa ella, desde todos los matices que su ideología personal o ficcional ( digo esto porque no sé si sus crónicas se refieren a su vida o son ficciones. Escribo medio a las apuradas, entraré en tu blog de nuevo para leer lo que opinás , pero quería antes de irme agregar algo : si bien los textos en cuestión hablan de sexo y pueden leerse desde el erotismo , creo que no les va esa categoría como ” tipología” . El erotismo puede resultar como un plus cuando uno los lee, pero creo que no es un efecto buscado. Veo esos escritos como instantáneas de la vida cotidiana, donde el sexo es la particularidad donde se fija la mirada de carolina , comentando ” su” mirada sobre ciertos discursos presentes en el imaginario sobre la sexualidad .Un saludo!
No estoy de acuerdo contigo Theodoro.
A mi me gusto el cuento. Tampoco vamos a pretender que en una revista dominical aparezca algo mas porno. Es soft, pero adecuado al medio.
Me gusta mas C que la revista de Clarin, que aveces lo mas importante que trae es la columna de Valeria Mazza…
A Andrea y a Carlos:
Estimados amigos:
Debo de pedirles disculpas sin dar demasiadas vueltas: Sus comentarios quedaron “dormidos” en el filtro antispam sin que me percatara de ello hasta hoy.
Normalmente, la empresa que brinda ese servicio no falla, y cada tanto debo pedirle que borre los treinta o cuarenta spam que recoje y acumula. Nunca los leo. Pero hoy me encontré con que el primero de la lista no era ninguna empresa que quiere alargar penes (o al menos ponerlos duro con la venta de viagra), sino un comentario genuino a una entrada antigua.
Me pregunté si no habría otros y me dispuse a repasar la larga lista acumulada. Así encontré los de ustedes dos para esta entrada que, como verán, llevan varios días sin publicar. Es más, hay antes una respuesta mía con fecha posterior a sus comentarios.
Otra vez: mil disculpas.
Yendo a la cosa en sí, a Andrea le digo que sí, que tiene razón en lo que afirma. Confieso que he leído otros relatos de Carolina Balducci que fueron publicados después del que comenté y no me pareció la autora tan subida a un pedestal de soberbia como me pareció después de haber leído el primero.
Sigue sin gustarme, pero paro los gustos, y sobre todo en la Erótica, como dicen por otros pagos, están los colores.
Para Adrián:
La verdad, no creo que ese relato sea soft o hard. Creo que carece de buen gusto. Pero es opinión personal, claro.
En cuanto a la revista toda, a mi no me gusta C. Tampoco Viva. Pero admito que un artículo de Valeria Mazza, aunque dirigido a un segmento de lectores en el que no me incluyo, tiene a mi entender coherencia. La mayoría de los artículos de C no tienen esa coherencia. Tienen un gran defecto: el vedettismo del que firma sus artículos.
Para muestra basta un botón: en la edición del 30 de marzo, hay una extensa nota a Rodolfo Enrique Fogwill. La firma Roka Valbuena. Tiene seis páginas. Lo que pudo ser una entrevista a Fogwill se convirtió en una suerte de retahila de opiniones del periodista “acerca de Fogwill”, con la generosidad, por parte del periodista, de poner algunas palabras del propio Fogwill entrecomilladas. Pero algunas, nomás.
En otras palabras, lo que compré como una entrevista a Fogwill me resultó, al desenvolver el paquete, un ensayo acerca de Fogwill escrito por un periodista al que no tengo ganas de leer.
Pero, repito el mismo concepto, para gusto están los colores.
Saludos a Andrea, a Adrián, y… ¡mil perdones!
Alfredo Arri (Theodoro)
q aburrido es tu blog!!!
Gracias, Joe por visitar el blog y dejar tu comentario en él.
A ver si esto te resulta más divertido:
Mi blog es muy aburrido
porque aburrido yo soy.
No divierto, pero doy
aburrimiento surtido.
Lamento no haber podido
mostrarme algo más agudo.
Trato de ser talentudo
pero no escribo pa’ todos.
Veré si encuentro algún modo
de escribir pa los boludos.
Jajaja…..
Muy buena respuesta Theo, no podrá quejarse el tal joe….Al que por cierto creo que se le debe haber olvidado el acento en la e…jejeje….
La verdad es que no me extraña tal comentario, porque he podido comprobar largamente que la mayoría de la gente lee en diagonal o se queda en la superficie como temiendo ahogarse si profundizaran….
Por otro lado, amigo, todos los que te leemos desde hace tiempo, sabemos que has tenido momentos de muy alta inspiración de los que hay muestras por todas partes incluido este blog…..
Momentos que, estoy seguro, volverán….
Un saludo y un abrazo….
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Hola, Piru.
En realidad, la cosa es mucho más sencilla: el 90 por ciento de los que ingresan a un blog, lo hacen a través de una búsqueda Google.
En este caso en particular, la búsqueda concreta fue “Carolina Balducci”, una autora que colabora en un diario local de muy reducido tiraje y que se caracteriza -al menos en esa columna- por escribir relatos breves, eróticos o sexuales, en un tono transgresor.
Como todo personaje que transgrede con la palabra escrita u oral -a veces brutalmente-, tiene infinidad de admiradores pero también muchos detractores.
Si lo que encuentran en su búsqueda no les gusta, lo manifiestan. Sobre todo si se trata de un admirador del personaje.
Pero la verdad es que un número muy reducido de lectores ingresan a un blog con la intención de leer en él más allá de lo que lo trajo en la búsqueda.
A mí en particular esta entrada me ha servido, y mucho, porque la entrada “Carolina Balducci” es una de las más usadas para ingresar aquí, detrás de “Las diez mejores fotos de Liv Tyler” o “Las diez mejores fotos de Jennifer Aniston”.
Ahora le ha salido a esta periodista una competidora en otro medio periodístico (la transgresión está de moda
). Así que haré otra entrada con el nombre de esta otra autora y también me ayudará a aumentar las visitas.
Aumento de visitas que, aunque sean del tipo “toco y me voy”, me ayudan a posicionar el blog en los buscadores robóticos.
En cuanto a mi “inspiración”, amigo… en fin, tengo a las musas descansando.
Gracias, Piru. Un abrazo.
Desde que escribiste el comentario, en marzo, hasta hoy Carolina ha evolucionado en sus narraciones ó mejor dicho las ha hecho más explícitas, comprensivas y ha ampliado sobre la vida de su personaje. Es muy, muy interesante y rica la manera en la que escribe, narra, rememora y el desenfado,ó, franqueza narrativa con la que lo hace, digno de remarcar y para no denostar.
Escribe como diciendo, esta es la realidad, mi realidad y la de muchas y no la niegen. Recordaba eso de que la realidad supera la ficción y creo que en eso Balducci nos tapó la boca.
Un Abrazo
Luis
Hola, Luis.
Gracias por visitar el blog y dejar tu comentario.
Coincido con vos en ese punto que mencionás acerca de las diferencias que existen en la escritura de la autora desde marzo.
No he leído todos los números de C desde aquel en que salió el texto que critiqué en esta entrada, pero sí varios de ellos.
Y no volví a encontrar en tales lectura lo que de verdad más me molestó en el texto referido aquí, como es una actitud de conmiseración hacia el próximo, desde una posición de auto convencida superioridad. Los perdonavidas no me gustan. Menos aún los pontificadores.
La forma de escribir de Carolina Balducci no está en discusión. Admití y admito que escribe bien, y me gusta. Es muy cómodo navegar sus relatos en la lectura, y eso no es un mérito menor de quien lo ha escrito.
Lo demás, sobre todo cuando se trata de referir vivencias sexuales en un texto que pretende ser algo más que un texto hard, es decir que tiene pretensiones de literatura, entra en el terreno de la subjetividad de cada quien juzgar, a partir de lo que lee, lo que es de buen gusto o mal gusto. Pero esto es, repito, subjetivo.
Otra vez: gracias por tu comentario.
Alfredo (Theodoro)
Añado algo más a la respuesta, Luis.
Después de escribir esta respuesta leí el texto de Carolina Balducci publicado hoy mismo en C, “Todo queda en familia”. Este peca por demasiado light, pero ratifico que se lee con placer.
Saludos.
Hola Alfredo! Es verdad que muchos dimos con tu blog poniendo en google ” C. Balducci”!. Ese día que entré no leí mucho más que ese comentario porque andaba a las apuradas. Después vi en las estadísticas de mi espacio que habías entrado al mío, pero estaba cerrado momentáneamente. Hoy me acordé de neuvo de tu blog y no tenía la dirección, entonces puse de nuevo ” Balducci” y aquí estoy. Al fin Balducci es como un link!!! ja
Muy graciosos los versos que le dedicaste a Joe, la rima ” udo” es muy productiva! Un saludo !
Gracias otra vez, Andrea.
Ya pasaré por tu blog a leer la entrada sobre Lugosi y Gardel.
Hola Theo, un gusto conocer tu sitio….gracias a Balducci. A mí me gusta lo q escribe la piba, aunq no compro Crítica (ni ningún otro Diario). O sea, de reojo, la leí unas veces, a Balducci. En un todo de acuerdo cuando esta chica pierde el Norte , su analogía oral (jejejj q bien queda eso !)de “la boca llena “. Estuvo flojísima, propiamente una forrada total q nos deja (a las mujeres) mal atragantadas
Volviendo a vos, ya estoy entrando a investigar tu sitio, por demás atractivo.
Hasta pronto.
Gracias, Laura.
Finalmente, Carolina Balducci se convirtió en un punto de referencia en mi blog.
Me alegra que quieras recorrer mi blog, Laura. Hacelo a tu antojo.
Gracias otra vez. Y una de viejo: El gusto es mío.
exelente blog que encuentro gracias a carolina balducci o a mis ganas de conocer algo mas de ella ya que me divierte su forma y desenfado para escribir
¡Gracias, Javier!
Un saludo.
Alfredo
che… no entendiste nada eh! solo las mujeres sabemos como miramos y escuchamos a las de nuestro género, la mina es grossa, sabés que la hace asi? la espontaneidad con la que escribe, me parece que eso te da cierta envidia, deberás urgar en tu interior a ver que sale… o leer más a Charles Bukowski.
(también llegué a este blog gracias a ella)
RESPUESTA NRO 1:
Gracias, Marina.
Al fin aparece una mujer que afirma lo siquiente:
Estoy totalmente de acuerdo con esa afirmación: los hombres y las mujeres tenemos personalidades muy diferentes para muchas cosas.
Entre otros conceptos que manejamos de manera muy diferente los hombres y las mujeres está el de definir y reconocer la envidia.
Otros conceptos, en cambio, no admiten diferencias de género en cuanto a su consideración. Por ejemplo, la ley de la gravitación universal, o los criterios para el buen o mal gusto.
¿Que mire hacia mi interior, para hurgar en él? Marina: tengo 62 años. La última vez que lo hice fue hace muchos años y quedé definitivamente en paz con los duendes que encontré allí. Tanto, que consideré innecesario todo viaje posterior.
En cuanto a lo que me resta por leer… ¡es tanto, mi Dios, que de solo pensarlo me angustio!
Gracias por descubrir éste, uno de mis cuatro blogs. Y muchas más gracias aún por dejar tu comentario en él.
Saluditos!
Alfredo.
RESPUESTA NRO 2:
Estimada Marina:
En tu breve comentario a esta entrada “Entre pajas y buen gusto”, hay hacia mí:
1. Un diagnóstico: Envidia.
2. La etiología de mi mal: el desconocimiento que tengo de mi interior.
3. Un tratamiento: leer a determinado autor.
¿No te parece demasiado? ¿Tanto nos conocemos?
Tal vez no lo comprendas, pero has mostrado en tu comentario aquello que precisamente le critiqué a la autora en ese relato: vocación a pontificar y soberbia. Pero tal vez me equivoque, ya que no te conozco.
Atentamente.
Alfredo.
Los textos de Carolina Balducci me resultan muy vulgares y desagradables, creo que para ser creativa no se necesita llegar a la grosería. Parece que esa mujer tiene mucha fijación con el sexo y poco manejo de la escritura
Gracias, Ana, por tu comentario.