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Bolsa de gatos.

Bolsa de gatos.

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Navegando por el DRAE digital, doy con la expresión olla de grillos, que es para nosotros, los argentinos, totalmente extraña.

Define el DRAE olla de grillos: Lugar en que hay gran desorden y confusión y nadie se entiende.

Sus equivalencias en nuestro lenguaje coloquial rioplatense surgen de la mera lectura de la definición: torre de Babel para los aspirantes a cultos, bolsa de gatos para los demás.

Ahora bien, la curiosidad es ésta. No sé si está en uso en España o en otros países de habla hispana esa expresión coloquial, olla de grillos. No lo sé; navegando por la red veo que sí lo está en varios sitios. Pero cuando se la trata de decir en forma oral, al menos por estas tierras, es impronunciable: suena muy mal. Ya sea olia de grilios, ya sea osha de grishos, en ambos casos es una conjunción de vocablos que, dicho uno al lado del otro, suena horrible.

Ya que andaba por ahí, digamos, fui a ver si en nuestro diccionario oficial de la lengua estaba registrada la expresión bolsa de gatos. No lo está. Recordé que nuestra bolsa es el saco para el diccionario oficial; fui a buscar si estaba registrada como saco de gatos y no lo está. Afortunadamente, porque saco de gatos también suena mal.

De todos modos, por estas tierras rioplatenses hemos conservado el saco como sinónimo de bolsa en la expresión caer en saco roto, la que hemos recibido en herencia y que es una bella expresión.

No figurará nunca en ningún diccionario, pero debo hacer saber a mis lectores de las hermanas naciones sudamericanas de habla hispana, que los rioplatenses tenemos una expresión parecida a la anterior –bolsa de gatos- pero aplicable a otros casos.

Se trata de cogedero de gatos, originalmente aplicable a situaciones en las cuales algunas personas arman tal barullo para ventilar sus negocios que sus manifestaciones más reservadas trascienden del ámbito privado que las reúne. Tal como los gatos cuando copulan en los techos de la vecindad.

Pero, como suele suceder con estas expresiones coloquiales no definidas, cada quien la interpreta y usa como le parece. Así, otros aplican la expresión al mero desorden. Por ejemplo, un cuarto de adolescente completamente desordenado podría ser tildado como cogedero de gatos.

Y últimamente, ante la adopción, lamentablemente definitiva, del vocablo gato por puta, se aplica cogedero de gatos a cualquier reunión de tales. Está claro que nuestro sustantivo cogedero deriva de coger, copular o follar.

Toda esta navegación (notoriamente a la deriva) propia de un tipo ocioso que un sábado por la por la tarde aún no encontró qué hacer, me lleva al famoso verbo, coger, que es para muchos países de América, copular, o sea follar.

Así lo establece la acepción 31 del DRAE para la entrada coger. Y ya que estamos en el famoso verbo, no está demás recordar que su grafía cojer, que algunos pretenden usar para distinguir del coger equivalente de agarrar, tomar, es inexistente. Así que copular es coger y no cojer.

Como se ve, poco a poco, a través de los siglos, los pueblos hispanohablantes nos vamos convirtiendo –en términos del mutuo entendimiento a través de la lengua- en una auténtica bolsa de gatos, o en una olla de grillos.

Au revoir


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4 Responses to “Bolsa de gatos.”

  1. pirulalma |

    Oye Theo…

    ¿Y si lo dejáramos en una “olla de gatos” ?…..jajajaja…..

    Un saludo, amigo….

  2. julia |

    ¡dichoso verbo!…Que dificil se nos hace a los españoles, dejar de coger en Argentina…Nos olvidamos de los sinonimos, como agarrar, asir,tomar..Si tomar, querido Alfredo, porque aqui tambien cogemos el autobus o el colectivo.

    dos besos

  3. Vivaldo Moore |

    “…no está demás recordar que su grafía cojer, que algunos pretenden usar para distinguir del coger equivalente de agarrar, tomar, es inexistente”. ¿Inexistente para quién, Theodoro?, ¿para el DRAE? ¿Es, la de la RAE la única palabra santa? Si es así, el diccionario de María Moliner o el de Manuel Seco quedarían desautorizados, ya que presentan infinidad de vocablos que no están el el DRAE, y no me vas a negar que ambos autores son próceres de la lengua. Las palabras existen en tanto se usan (eso distingue una lengua viva de una lengua muerta ¿no?) y si alguna comienza a imponerse, por necesidad a la larga la Academia termina incorporándola, ya que su tarea es “fijar” además de”limpiar y dar esplendor”. Así, el que exista la posibilidad de “cojer” con “j” para desambiguar y marcar como argentinismo no me parece mal. Hay, como sabés, infinidad de palabras con doble grafía, algunas, incluso con menos necesidad de haber sido fijadas que el verbo que hoy nos ocupa.
    Por eso, me parece una pena que esta grafía esté registrada en el “Diccionario del habla de los argentinos” (al menos en la primera edición, que es la que tengo) y en cambio aplaudo que esté marcada como primera opción en “Puto el que lee”, el diccionario de insultos de la revista “Barcelona”, que, más allá del chiste, es una seria obra académica sobre el habla de estas tierras.
    Un saludo.

  4. Theodoro |

    Hola, Vivaldo:

    Me quedo con el coger, mi amigo, y no con el cojer. Razones para esta preferencia me sobran. En primer lugar me parece que expresiones tales como la cogieron de atrás, o la cogí por delante, guardan perfecta entidad estética para ese juego que nos da la polisemia. Además, cojer me remite a cojín, o peor aún, a cojones. Y por último, ¿por qué no aprovechar el célebre cogito ergo sum de nuestro amigo Descartes, que podríamos traducir libremente como follo, luego existo? Y como bonus track: ¿Por qué no gozar de las aproximaciones que tiene el verbo, tales como: cogedero, cogedor, cogida, cogido, cogitabundo, cogitación, cogitar? ¡Nada que ver con las vecindades de cojer: cojear, cojera, cojín, cojinete, cojo! Sobre todo esta última, que… vamos, ¿a quien le gustaría cojear a la hora de coger, ya que cojear, como todo el mundo sabe, equivale (además de renquear) a adolecer, fallar?

    :-)

    Un abrazo

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