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El abanico de seda. (Fragmento). Texto de Lisa Lee.

El abanico de seda.

(Fragmento). Novela de Lisa Lee.

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El dolor no se atenuaba. ¿Cómo iba a atenuarse? En cualquier caso, aprendimos la lección más importante para toda mujer: debíamos obedecer por nuestro bien. Ya en aquellas primeras semanas empezó a formarse una imagen de lo que seríamos las tres cuando alcanzáramos la edad adulta. Luna Hermosa sería estoica y hermosa en cualquier circunstancia. Hermana Tercera sería una esposa quejica, amargada por la suerte que le había tocado, y no sabría agradecer los dones recibidos. En cuanto a mí, que se suponía que sería especial, aceptaba mi destino sin rechistar.

Un día, mientras daba una vuelta por la habitación, oí un crujido. Se me había roto un dedo del pie.Pensé que el sonido era algo interno de mi cuerpo, pero fue tan fuerte que lo oyeron todas las que estaban allí. Mi madre me clavó la mirada.

-¡Muévete –dijo-. ¡Por fin adelantamos algo!

Seguí caminando, pese a que me dolía todo el cuerpo. Al anochecer ya se me habían roto los ocho dedos que tenían que romperse, pero seguían obligándome a andar. Notaba los dedos quebrados con cada paso que daba, porque bailaban dentro de los zapatos. El espacio recién creado donde antes había habido una articulación se había convertido en un gelatinoso infinito de tortura. El frío del invierno no había empezado a anestesiar las atroces sensaciones que atenazaban mi cuerpo. Aun así mi madre no estaba satisfecha con mi docilidad. Aquella noche mandó a Hermano Mayor traer un junco cortado de la orilla del río. Durante los dos días siguientes me golpeó con él en la parte posterior de las piernas para que no parara. El día que me cambiaron las vendas, sumergí los pies en el agua como de costumbre, pero esta vez el masaje para dar forma a los huesos fue más espantoso que nunca. Mi madre tiró de mis dedos rotos y los dobló hasta pegarlos por completo a la planta de los pies. En ningún otro momento percibí tan claramente el amor de mi madre.

-Una verdadera dama debe eliminar la fealdad de su vida –repetía una y otra vez para inculcármelo bien-. La belleza sólo se consigue a través del dolor. La paz sólo se encuentra a través del sufrimiento.
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Fragmento de “El abanico de seda”, novela de Lisa See. Ed. Salamandra, 2006

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La novela de Lisa See compone una historia que transcurre en la China rural y profunda del siglo XIX.

El texto reproducido aquí refiere al proceso de vendado de los pies, una tradición que se practicaba a las niñas entre los cinco y siete años en la antigua China. Los pies deformados en la mujer formaba parte del imaginario erótico masculino. La práctica fue abolida, como se sabe, recién en el siglo XX.

Yo no he leído la novela. Simplemente, leí ese fragmento en una publicación en la que se hacen reseña de libros. Su lectura me causó una honda impresión, cómo no. El texto está magistralmente escrito y relata, desde la intimidad del cuarto donde las niñas y su madre pasan sus días, una práctica cruel y sin embargo amorosa.

Tras leer ese fragmento quedé con la sensación de que, más allá de la novela en sí misma (que no conozco, repito), hay allí un relato cerrado, completo que, al tener como remate esa retahila de sentencias duras: una verdadera dama debe eliminar la fealdad de su vida; la belleza sólo se consigue a través del dolor; la paz sólo se encuentra a través del sufrmimiento, la convierten en un texto acabado, cerrado. Un relato breve. Un relato breve y magistral. Un bello relato.

Y aún más allá de la forma, la cual me da argumentos para reproducirlo nada más que como bello texto, hay en el contenido mismo del relato un juicio, una sentencia de que, de alguna manera, a pesar de las aboliciones, a pesar de las condenas sociales a las prácticas brutales que históricamente ha padecido la mujer; a pesar de todo ello, de alguna manera vaga pero cierta, esa suerte de condena de dolor como precio por la belleza persiste. Bajo otras formas, quizás no tan crueles, pero persiste.

Bello texto..


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2 Responses to “El abanico de seda. (Fragmento). Texto de Lisa Lee.”

  1. julia |

    A pesar de todo, la mujer arriesga incluso su vida, por conseguir ser bella, entrar en un quirófano es un riesgo, pero no importa si nos quitan unos cuantos años, si estamos más bellas. A diferencía de esa pobre mujeres chinas, obligadas para gustar al hombre. Ahora, en la mayoría de las ocasiones, la mujer se somete a esas “torturas” para gustarse, no se acepta cómo es y busca cambiar su fisico a costa de lo que sea.

    dos besos

  2. Theodoro |

    Completamente de acuerdo contigo, mi querida Julia.

    Dos besos!

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